martes, 17 de junio de 2008

LA FERIA DE LOS LIBROS







Desde hace ya muchos años, allá por finales de los sesenta, cuando iba con mi compañero de trabajo Mario Sánchez Campos a visitar la Feria del libro de Madrid, me aficioné y todos los años procuro ir, al menos, un día, me gusta el ambiente que se respira en esta feria.

Mario paisano de Madrigalejo, el pueblo donde murió Fernando El Católico, fue el artífice de que me aficionara a los libros y a la música clásica, en la primera visita a la feria me regaló de la colección Austral de Espasa Calpe todos los tomos de El Espectador de Ortega y Gasset.

Y Para que me aficionara a la música clásica, me regaló un LP donde estaban El Capricho Español de Rimski-Korsakov y El Capricho Italiano de Tchaikovski, pidiéndome que todas las noches a acostarme lo escuchara, así fue como empecé a aficionarme a la música clásica, también por consejo suyo me compré una cinta de flamenco al piano y orquesta de Arturo Pavón, que por el año 1982 me fue robada junto a la radio del coche, estuve durante varios años buscándola infructuosamente por todos lados, estaba descatalogada, pero la magia de Internet, otra vez la magia de Internet, hizo que mi hijo Gonzalo la localizase muchos años después y me la regaló en formato CD, fue un gran regalo, uno de los que más ilusión me ha hecho recibirlo.

Desde el año 1975 no he vuelto a saber nada de ti, Mario desde la magia de este mundo virtual lanzo este mensaje para saber de ti paisano, compañero y amigo a quién tanto debo y con quien tanto quería.

El pasado domingo día ocho, fui andando, desde casa en la calle Toledo hasta el Retiro con mi mujer, Maribel llevaba de casa dos libros para que se los firmaran sus autores, uno era Las filipinianas de Inma Chacón, que ella misma había comprado y ya lo había leído, el otro era Muchas veces me pediste que te contara esos años de Juan Cruz Ruiz, éste se lo había regalado nuestro hijo Carlos, por su cumpleaños, el pasado día cuatro de junio.

Fuimos directamente a la caseta donde firmaba Inma Chacón, sabíamos que iba a hacerlo porque se lo había dicho la propia Inma a mi mujer, cuando el día del libro se encontró con ella en el Paseo de Prado, venía de firmar libros en Caixa Forum, y Maribel la abordó diciendo que la conocía desde un encuentro que tuvo lugar el 6 agosto de 2005, en El Torno, el bonito pueblo enclavado, en el no menos bonito Valle del Jerte, donde tuve el honor de recitar dos poesías mías en una Velada poética junto con otros tres extremeños, Vicente Manzano Blázquez, Miguel Ángel Luengo Tarrero (MALT) y Javier Feijoo, también recitó la antropóloga holandesa Geertje Van Os, una poesía de Julia una mujer extremeña emigrante en Holanda.

Horas antes Inma había presentado su libro La Princesa India, en la Casa de la Cultura Dulce Chacón, y también en aquella ocasión nos lo dedicó a los dos y Maribel también lo llevaba ya leído.

Inma se acordaba del encuentro con Maribel del día del libro y estuvo simpatiquísima, después de que nos dedicó el libro de Las filipinianas, quisimos que nos dedicara también su libro de poesía Alas dedicado a su hermana gemela, la gran escritora Dulce Chacón desgraciadamente ya desaparecida desde el 3 de diciembre de 2003.

Alas lo presentó en El Torno el año siguiente también en el mes de agosto, como el libro no lo tenían en el stand donde estaba firmando, una señorita muy amable de la librería se ofreció a ir a por él a otro stand, y quedamos en volver a recogerlo un poco más tarde.

En nuestro recorrido por la Feria, vimos a Manuel Rivas firmando ejemplares, dudamos de si acercarnos, pues tenemos muchos de sus libros y somos los dos grandes admiradores de su prosa. Podíamos haberle dicho que a Irenita, la chica que sale con su hijo Martín, la queremos mucho, que somos sus tíos de plástico como decía cuando era pequeña, queriendo decir que éramos tíos postizos, pero nos pareció que esto era cotilleo y no nos acercamos, quizás, si volvemos llevaremos algún libro suyo, ya leído, por supuesto, para que nos lo dedique.

Vimos a Juanjo Millás, también tenemos varios libros suyos, y que no se entere nadie, su libro del primer premio Planeta está junto con el del segundo de Boris Eizaguirre, sin quitar aún el celofán que los envuelve a los dos.

Almudena Grande también firmaba y también somos lectores suyos, pero tenía mucha cola y no llevábamos su último libro que lo tenemos El Corazón Helado, otro para la agenda de la próxima visita a la feria, nos faltó ver a Elvira Lindo, a Maruja Torres y a mi admirado “primus Inter pares” el de la todavía columna, por donde empiezo siempre el periódico del domingo el hedonista Manuel Vicent, para tener a los siete que firman el la última de El País.

Porque con Rosa Montero si estuvimos, nos firmó Instrucciones para salvar el mundo, éste lo compramos in situ, estuvo muy simpática nacida en el 51, Maribel la abordó, pues le gusta presumir de su quinta, con su retahíla “La Preisler, La Bordiú, La Milá Ana Belén, La Montero...., para terminar la lista con “la Matallanas” que es ella, todas somos nacidas en el 51, a lo que Rosa añadió que el 51 fue también un año de buenos escritores y citó a Javier Marías, Pérez Reverte entre otros y aunque ella no se citó, ella es también una gran escritora.

A Rosa le hice hincapié, por aquello de su feminismo, que ya ganan cuatro a tres, las escritoras a los escritores en la última de El País, cosa ésta que me parece muy bien, aunque hay que reconocer que los escritores lo hacen los días de más lectores del periódico, Millás los viernes, Rivas los sábados y Vicent los domingos.

Después nos dirigimos en busca del stand donde firmaba Juan Cruz, en el trayecto nos topamos con el de Siruela donde Jesús Ferrero firmaba ejemplares, Maribel llevaba tiempo buscando esta versión, de Las Trece Rosas, que considera mejor que la otra donde se han basado para hacer la película, Jesús nos hizo una bonita dedicatoria.

Juan Cruz estaba firmando con su simpatía habitual, le dedicó a mi mujer el libro que llevaba de casa regalado por nuestro hijo Carlos, al empleado de la FNAC que estaba allí mi mujer le dijo que el libro lo traía de casa, yo compré para que me lo dedicara, no solo por no parecer cara dura y agradar al de la librería, sino porque me atraía el título y sobre todo porque es un libro de memorias, está dedicado a su padre Ojalá Octubre, me gustó que en la dedicatoria Juan Cruz nos pusiese su dirección de correo electrónico.

No me pude resistir y le pregunté de si en el episodio que relata Andrés Trapiello en uno de sus tomos de Salón de pasos perdidos, en el del Fanal Hialino, que habla de una serie de reproches que le propinó alguien relacionado con el mundo editorial de libros y periódicos, alguien lo abordó durante una cena en la que Andrés estaba con otros escritores, le pregunté a Juan que si este alguien era él, ya que cuando lo leí el año pasado en el Puerto de Santa María, durante las vacaciones de verano, por los datos que facilitaba Trapiello, pensé que podía ser Juan Cruz, pero me costaba, por otro lado, creer que fuera él, pues lo tengo por una persona muy afable y jovial, además en estos casos siempre hay que oír a los dos partes en litigio.

Juan Cruz con su sonrisa habitual enseguida me confirmó que efectivamente se refería a él, pero que la sangre no había llegado al río, pues el libro que me acababa de dedicar Ojalá Octubre, a Trapiello le había gustado mucho y le hizo una buena crítica, y Andrés Trapiello sigue escribiendo alguna crítica que otra en Babelia le reconocí a Juan.

Mejor es así, porque admiro a Andrés Trapiello y admiro también a Juan Cruz y me gustan que los escritores, bueno no sólo los escritores, sino que todo el mundo se lleve lo mejor posible, porque para cuatro días que vivimos, es mejor llevarse bien que mal, hay que intentar superar los sentimientos negativos, ya que estos se vuelven en contra nuestra y nos desasosiegan.

Uno de los libros que tenía in mente comprar era precisamente el último publicado de la saga del Salón de pasos perdidos, La Manía, de Andrés Trapiello, ya que el único que he leído hasta ahora de los quince publicados de la saga, el Fanal Hialino, lo compré en la anterior Feria del Libro a instancias de la recomendación que hizo el escritor presentador de un buen programa de libros y de un mal Telediario, Sánchez Dragó, me había gustado mucho, a pesar de su volumen no se me hizo nada pesado, al contrario, me resultó muy ameno, en ésta ocasión, la recomendación la obtuve en el blog de Santos Domínguez Ramos, por recomendación de este buen poeta y crítico extremeño, en la feria del libro del año pasado compré El Espejismo de Dios, que me gustó mucho.

Pero la sorpresa mayúscula fue cuando observé que al lado del libro La Manía, había otro libro también de narrativa contemporánea de la editorial PRE-TEXTOS, autor José Antonio Martín Otín, La desesperación del Té (27 veces Pepin Bello ) me dio mucha alegría al reconocer en el nombre del autor, al ínclito Petón, por supuesto compré un ejemplar.

Al hablar minutos antes con Juan Cruz se me había olvidado comentarle mi gran admiración hacia el poema “If” de Ruyard Kipling, pues sé que a él también le gusta mucho. Pero hete aquí que la casualidad, soy ateo, que si no diría que se trataba de algo más que una simple casualidad, había querido que me encontrase con el segundo libro que ha escrito Petón, el anterior fue El hombre a quien Kipling dijo sí, que está basado en José Antonio Primo de Rivera, qué por cierto también admiraba el poema de Kipling. Que raros compañeros de viaje hace el famoso poema, tan distintos y distantes como son Juan Cruz y los dos Josés Antonios: Primo de Rivera y Martín Otín

Conocí a Petón en su despacho de Bahía, en la Plaza de Colón, cuando fui a buscar a mi hijo Gonzalo, que había ido con Fernando Torres, jugaban entonces de cadetes en el Atlético de Madrid y acababan de ser Campeones de Europa de la Nike Cup, estaba también Ferdi, portero de gran porvenir, que jugaba en el juvenil de Atlético Madrid. A partir de ese momento Petón iba a ser representante de los tres.

En una gran pizarra que tenía en el fondo de su despacho estaba escrito el gran poema IF, en una versión que es la traducción sin rima del poema de Kipling, yo enseguida empecé a recitarlo, como a mí me lo enseñaron, con rima, para mí era Serás Hombre, que por cierto, no sé quién es el autor de su traducción, nos dio una gran alegría a los dos al reconocernos admiradores de este gran poema.

Volvimos al stand donde estaba Inma Chacón, el libro Alas ya lo habían traído, le comenté a Inma la anécdota entre Andrés Trapiello y Juan Cruz y que éste me había comentado que efectivamente se refería a él. Inma se extrañó mucho de lo que contaba Andrés Trapiello, pues me dijo que Juan Cruz es una bellísima persona y no le pegaba ese comportamiento. En este libro Alas hay un poema que se titula 6 de agosto de 2005, en El Torno, seguimos con las casualidades.

Teníamos apuntado en la lista de recomendados un libro de la editorial Esfera, El Profesor en la trinchera, lo había elogiado Fernando Savater en un artículo reciente del El País, el autor era un tal José Sánchez Tortosa. Al pasar por esta editorial, Maribel que está en todo, se acordó de que teníamos apuntado algún título de Esfera, lo compramos.

Al llegar a casa y ver la solapa, resulta que el autor era profesor del Colegio Santa Cristina, donde han estudiado mis cuatro hijos, este colegio pertenece a la FUHEM, yo también estudié bachillerato superior en un colegio de esta Fundación Hogar del Empleado, en la calle Cadarso, hace ya muchos años.

El libro habla de la tiranía de los alumnos, la frustración de los profesores y la guerra de las aulas, está muy bien. Resulta que José Sánchez Tortosa, ha sido profesor de mi hijo Gonzalo de filosofía y de Sociedad, Cultura y Religión de primero de Bachillerato, y terminó dándole clase de filosofía de segundo, supliendo al profesor Manolo Galiana que falleció.

Gonzalo guarda un grato recuerdo, ya le había oído comentar más de una vez, que su profesor de filosofía era muy bueno, en selectividad sacó un nueve con tres en el examen le tocó Kant, y Gonzalo dice que fue gracias a la gran explicación que recibió de este profesor. No todo está perdido profesores y maestros, siguen siendo imprescindibles, siguen siendo necesarios.

Creo que a una sola tarde en La Feria de libro de Madrid, no se le puede pedir más, me sigue gustando el ambiente que se respira en esta fiesta de los libros, que no sólo es debido al aire regenerador que fabrican los fornidos, grandes y bonitos árboles que pueblan el Parque del Retiro.






Andrés Gómez Ciriaco

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Te felicito por la crónica de un día en la feria de los libros (muy atinado este título...). Estuve el segundo sábado en compañía de mi mujer e hijas y es probable que los duendes del destino cruzaran, aunque solo fuera un instante, nuestros caminos. No sé tuviste la percepción de que la feria va perdiendo fuelle poco a poco; es como un casi inapreciable sentimiento que llega desde la distancia de los libreros, en el número y calidad de stands (echo mucho de menos los de historia y antigüedades y reliquias literarias y , sin embargo, se ha producido un notable aumento de los infantiles y juveniles - la pela es la pela-), en las carpas donde los niños podían leer toda clase de libro, hasta jugar simultáneas de ajedrez con algún maestro de federación. No sé. Es una percepción, solo eso. Me da la impresión de que el espacio central reservado a esas carpas donde tan buenos momentos hemos pasado, se han transformado en bares de refresco a ¡¡¡3 euros!!! y comida almidonada.
Por eso te felicito, por haber logrado describir lo que más importa, lo indescriptible que radica en el alma de la feria, o sea, los libros, los escritores y los lectores y haberme transportado, al leer tu post, a la maravillosa mañana de Junio que pasamos en familia, disfrutando del retiro, del bullicio de la gente, de los libros y de una vuelta en barca que un día después me dejó como tullido de agujetas para una semana entera.
Un saludo
Peter gabriel de Alcollarín

Piezarza dijo...

Hola amigo Peter Gabriel ¿Qué tal anda el loro? veo que ha vuelto por sus fueros en el foro de Alcollarín, me parece muy bien.
Me ha hecho mucha ilusión tu comentario,es verdad que la feria debe ser de los libros, de los autores y de sus lectores. Hay mucho de marketing en ella, pero tambien uno se puede acercar a su autores favoritos y cambiar impresiones, y el recinto del Retiro es un marco ideal para pasear.
Gracias por leerme, yo tambien te leo en el foro de Alcollarin.
Un abrazo

Anónimo dijo...

Hola Andrés. El loro está mayor, mayor porque dice que la juventud se le escapa a raudales, y cansado porque cuando escribe cosas de Extremadura y, particularmente, de Alcollarín cree que solo unos pocos le entienden; y entre esos pocos algunos de fuera como Guadalupe a la que sigue reencarnada en cada una de sus fotos y de la que siempre guardará un buen recuerdo. Por cierto, hace tiempo que no veo en tu enlace fotos nuevas de su trabajo. Las que ha publicado hasta ahora me parecen maravillosas. Se nota que ama todos los rincones de Extremadura.

Decidí hace algunos días dejar de escribir en el foro de Alcollarín por motivos que creo considerarás obvios. Se ha establecido una especie de semilla maléfica (al estilo "Bella durmiente") en el lugar que lo ha quemado todo, solo han sobrevivido abrojos, madejas de retama y resentimientos. No sé qué hemos podido hacer mal o, sencillamente, qué hemos dejado de hacer...
Ahora colaboro en "la rama del mochuelo" (laramadelmochuelo.mforos.com), una especie de foro multitemático donde se está agusto, se escribe sin estrés y se saluda sin mirar de reojo o pensando que alguien viene tras tu sombra a decirte algún despropósito.
Bueno, te saludo de nuevo y espero seguir leyendo estos magníficos textos de un blog que visito casi a diario.
Un abrazo desde Alcollarín.