jueves, 25 de marzo de 2010

EGOS Y ZAPATOS REVUELTOS




El otro día iba por unos de los tramos favoritos para mi paseo diario, la calle Alcalá en su confluencia con la Gran Vía, cuando vi a Juan José Millás que se dirigía hacía el Círculo de Bellas Artes. Al verle me acordé que El País anunciaba para ese día, 23 de febrero, la presentación de un libro de Juan Cruz. No lo dudé un momento y entré en la librería del Círculo. Cogí el libro que se presentaba, Egos revueltos, al ir a pagarlo me volví a encontrar a Millás que estaba con dos libros en las manos esperando para pagar, abandonó un instante la cola para saludar a Emilio Lledó que salía en ese momento de la librería, le guardé el sitio. Observé que llevaba unos zapatos como los que yo me había comprado el verano pasado en Cádiz, le pregunté que si los zapatos eran MBT, me dijo que sí, le manifesté que era lector suyo y que los zapatos eran muy confortables, pero no le dije más. Pagó los dos libros y se despidió amablemente de mí.

Cuando pagué en la librería del Círculo que está en la planta baja, subí por las escaleras hasta la cuarta planta que era donde estaba el salón en el que se había programado el acto de presentación de libro, había muchas caras conocidas, además de los ya citados Millás y Lledó, éste se sentó en una fila delante de la mía, en esa fila también se encontraba Rosa Montero. En la última fila estaban sentados Jesús Ceberio, Javier Rioyo, Alfredo Relaño y Eduardo Mendicutti. Relaño estaba en el asiento detrás del mío, le saludé y me presenté como padre orgulloso de Javier Gómez Matallanas, su adjunto en la Dirección del Diario As, estuvo muy simpático, se le ve un hombre muy afable, somos prácticamente de la misma edad, salieron a colación los ídolos futbolísticos de nuestra época, y las primeras alineaciones que recordábamos del Real Madrid.

Sentado en mi misma fila estaba Ian Gibson, había por medio dos asientos, en los que se sentaron dos señoras que me resultaban conocidas, cuando terminó el acto y esto mi mujer no se lo cree, me pidieron mi número de teléfono, resulta que eran dos actrices, una de ellas luego recordé que acaba de verla en la obra de teatro Toc Toc, era la actriz Gracia Olayo la que sufría el síndrome de trastorno obsesivo compulsivo por la limpieza, me pidieron el teléfono para hacerme una encuesta para una obra de teatro que están preparando sobre lo que piensan los hombres sobre las mujeres, al menos esto fue lo que me dijeron, la verdad es que a fecha de hoy no me han llamado.

El acto fue presentado por Monserrat Domínguez y David Trueba el salón estaba completamente lleno, mucha gente se quedó de pie. Juan Cruz tiene fama de ser muy hablador y recordó en la presentación que una vez estando con Francisco Ayala este le dijo: “Siéntese aquí, mire esa ventana y recupere conmigo el valor del silencio” A lo que David Trueba replicó con ironía: ¿No es una manera bonita de decirle a alguien que se calle?”

Cuando se anunció que el libro Egos revueltos iba sobre escritores, yo mantenía la secreta esperanza de que Juan Cruz contase su versión sobre el incidente de años atrás en el Hispano con Andrés Trapiello y efectivamente Juan cuenta su versión de los hechos justificándose de que había bebido más de la cuenta, se echa toda la culpa y pide perdón por lo que le dijo a Trapiello.

Pero es que por la lectura del libro de los Egos revueltos uno se entera de algo que se lo había preguntado muchas veces ¿Quién era el traductor del poema “If” de Rudyard Kipling, en la versión rimada que se conoce como Serás hombre? Poema favorito de Cruz, de Petón, de José Antonio Primo de Rivera, de Adolfo Marsilach y de un servidor. En el libro se cuenta que el traductor es el poeta Jacinto Miquelarena, si, aquel de: “Qué país, Miquelarena”, frase que al parecer se la dijo Pedro María Michelena, cuando aquel fue a despedirle al tren y en el andén había bocadillos de chorizo, gallinas, ruidos y mucha algarabía.

Y también se entera por la lectura de Egos que Juan Cruz fue compañero sentimental de Dulce Chacón, paisana admirada y ya desaparecida, autora de un libro que me gustó especialmente Cielos de Barro.

Y uno no tiene más remedio que acordarse que en una de las entradas de este blog: La feria de los libros, se menciona a Andrés Trapiello y su incidente con Juan Cruz, y allí se manifiesta el deseo de oír la versión del otro y aparece también Inma Chacón, la hermana gemela de Dulce citada, entre otras cosas, también en referencia a este incidente y sin tener la menor idea de la relación entre su hermana y Juan Cruz, allí también uno se pregunta quién era el traductor del famoso poema de Kipling. Y mira tú por dónde uno obtiene respuestas gracias a la lectura de un libro sobre escritores y sus egos ¿Quién ha dicho que la literatura no es útil?

Cuando terminó la presentación me acordé de lo que le había dicho a Juan José Millás y me recriminé a mí mismo: Anda, vaya pregunta más tonta que le he hecho, mira que preguntarle por los zapatos. La pregunta no era muy literaria que digamos, pensé para mis adentros que le podía haber hablado de que leo todos los viernes en la última de El País su columna, (bueno, quizás sea más correcto decir su viga sobre cuatro columnas) o los domingos en el Suplemento EPS con sus acertadísimos, pies de fotos, o de su excelente conferencia que dio, más bien leyó, en la Biblioteca Nacional a la que tuve la suerte de ir y que a pesar de estar de pie se me hizo cortísima, al final de la misma recibió una gran ovación por parte de los asistentes.

Pero el subconsciente, que muchas veces es más listo que nuestro consciente, aunque no nos demos cuenta, por eso es subconsciente, no pensaba lo mismo y fue el que me impulsó a hacerle la pregunta sobre los zapatos.

Y es que de pronto uno se acuerda de qué a instancias de lo que leí en alguno de sus libros me compré dos pares de zapatos con cámara de aire de la marca Clark, que me ha hecho mucho más gratificante mi paseo diario por este Madrid de mis pecados.

El pasado verano en Cádiz en una tienda de zapatos que hay próxima a la catedral que vende exclusivamente de la marca MBT me compré unos negros, son horrorosos estéticamente hablando, pero la verdad es que son muy confortables, están basados en la forma de andar de los masais, al principio hay que acostumbrarse a usarlos, tienen, además, otra ventaja adicional y es que creces de pronto cinco centímetros debido a su forma abarquillada y al gran grosor de la suela.

Estuve dándole vueltas preguntándome cuál sería el libro de Millás dónde había leído lo de los zapatos con cámara de aire, pensé, por la fecha que lo había leído, que debía ser la novela El mundo, Premio Planeta 2007, siempre pongo la fecha en la primera página cuando termino de leer un libro, esta costumbre la adquirí imitando a mi mujer que ha sido mucho más lectora que yo, aunque últimamente la estoy alcanzando, Maribel siempre pone la fecha cuando termina de leer un libro y si le ha gustado especialmente lo resalta con un juicio breve. Concretamente en la primera página de este libro aparece “setbre 08” y la firma de Maribel y debajo la mía “octubre 2008”, y añadido debajo con mi fea letra El día que le concedieron el premio Nacional de Narrativa 14-15/10/08”. Uno ahora duda si la fecha es una casualidad, o más bien es que debido a la concesión del premio uno decidió leer el libro que llevaba más de un año comprado, y por cierto también aparece citado en la entrada ya referida más arriba La feria de los libros.

Empecé a hojear y también a ojear el libro tratando de buscar donde se hablaba de los dichosos zapatos con cámara de aire. Como con el ejercicio de hojeo no lo localicé, empecé a leer desde el principio, y me quedé enganchado, no en las alturas como Joan Manuel Serrat, sino en su relectura. Y efectivamente di con el texto donde un tal doctor Rafael Lozano hombre afable, mayor, le explicaba a Juan José Millás la importancia de llevar zapatos con cámara de aire. A pesar de haber dado con lo que buscaba y sentirme feliz por ello, continúe con la relectura hasta que prácticamente lo terminé de releer.

Lo dejé cerca de las cuatro de la madrugada, pero, más que vencido por el sueño, fue porque si seguía leyendo me iba a encontrar mi mujer sin acostarme. Ella se levanta a las seis de la madrugada. Yo me suelo levantar hacia las diez, cosa esta que a mi vecinito Jorge le trae a mal traer, valga la redundancia y dice que de mayor quiere ser como Andrés. Le pregunta a su madre que qué hay que estudiar para hacer lo que yo hago que según él es fundamentalmente levantarse tarde.

Ahora en la primera página debajo de lo que ya estaba, aparece escrito a lápiz con mi letra anárquica y fea:

“¡Tu no eres interesante para mí!

Releída el 9/10 marzo 2010

y me encantó”.

(Las líneas, unas más que otras, están inclinadas de izquierda a derecha y de abajo a arriba).

La lectura, aparte de la satisfacción que podamos obtener por su mero ejercicio, que no es poca cosa, nos ayuda a conocernos a nosotros mismos a través del que escribe. En esta novela de Millás, me he sentido en muchos pasajes muy identificado con él. La familia numerosa, los fríos años sesenta, la letra con sangre entra: Yo también hice novillos porque me pegaban en el colegio. El desengaño del primer amor: “Tu no eres interesante para mí”. Se lo dice la chica de la que estaba enamorado. A mi no me lo dijeron explícitamente porque ni siquiera me atrevía a decir que estaba enamorado, pero yo a esa edad y en esa época sentía que no era interesante para nadie.

Y a través de la literatura, de vez en cuando, aprendemos cosas útiles. El escritor hace las veces y actúa ante el lector como si de una prescripción facultativa se tratase, dando o transmitiendo consejos tan útiles, como que hay que comprarse zapatos con cámara de aire para aliviar nuestros pesares, aunque no diga la marca y sólo diga el genérico que es, sobre todo últimamente, política y económicamente hablando lo correcto.

Y querido vecinito Jorge, para llegar a estar en la situación, sin duda privilegiada, en que yo me encuentro actualmente, lo peor de todo es que hay que tener sesenta años, y no sé lo que tendrías que estudiar, pero por si te sirve de algo te diré lo que yo he hecho.

Empecé a trabajar con catorce años en una agencia de publicidad en San Sebastián. A los dieciséis, el 7 de agosto de 1966, ya en Madrid entré a trabajar en S.A.C.R.A una empresa de construcción de carreteras, de aspirante a auxiliar administrativo, no se podía ser auxiliar hasta que no se cumplían los dieciocho años. Antes había estado trabajando seis meses de botones en una librería de la Calle Carretas. En S.A.C.R.A pasé por casi todos los puestos de la Administración de la empresa, siendo nombrado con veintisiete años Jefe de Contabilidad General y Analítica, este puesto lo desempeñé hasta el año 1983 fecha en la que desapareció la empresa.

Luego he ocupado el puesto de Director Administrativo-financiero en una empresa de Ingeniería, cinco años. Gerente de un grupo de empresas inmobiliarias, cuatro años. En la actualidad, llevo más de diecisiete años, siendo Administrador-Gerente de Ática, un complejo empresarial de alquiler de oficinas en Pozuelo de Alarcón.

Estudié a la vez que trabajaba, con dieciocho años hice Bachillerato Superior nocturno en una filial del Ramiro de Maeztu en la calle Cadarso perteneciente a la Fundación Hogar del Empleado. Trabajando, casado y con un hijo ingresé en horario nocturno en ICADE en la calle Alberto Aguilera y en 1977, ya con dos hijos, salí con el titulo de Graduado en Dirección Económico-financiera.

Llevo cuarenta y cinco años trabajando y cotizando a la seguridad social. En Francia o Alemania ya hubiera podido jubilarme con el 100 % de la pensión, aquí, si quiero jubilarme ahora recibiría sólo el 70 % y sin ir tan lejos, en España los maestros pueden jubilarse con sesenta años con el 100%.

Por eso cuando me dicen que qué suerte tengo que no tengo jefes y que puedo tener el horario que yo quiero, no siento en absoluto remordimiento de conciencia uno ha trabajado duro cuarenta y cinco años, muy duro a veces, y pienso que me lo tengo merecido. Otra cosa es que haya otros en mis mismas circunstancias que no tienen los privilegios que yo tengo, pero pienso que deberían tenerlo. Y no digo nada si me comparo con los prejubilados, de por ejemplo el sector bancario, que llevan desde los 52 años sin trabajar y cobrando el 100% , no ya de la pensión, sino del sueldo, que suele ser en estos casos superior a la pensión.

Y Jorge en esta vida para conseguir la confianza de los otros. (Cría fama y échate a dormir). Antes se lo ha tenido que ganar uno con su trayectoria y su ejemplo, y no sólo con los jefes, sino también con los compañeros, que esto es casi lo más importante, no hay cosa mejor que el trabajo en equipo y crear un buen equipo de trabajo se consigue sobre todo creando un buen ambiente en las relaciones personales. Para que te den puestos de responsabilidad, hay que ser honesto, trabajador, hay que esforzarse, los objetivos se consiguen con un 10% de talento y un 90% de esfuerzo, hay que estudiar y hay que leer mucho, aunque con esto solamente a veces no basta, también es necesario tener un poquito de suerte para que te lo reconozcan, y también es verdad que en mi época éramos muy pocos los que estudiábamos y no había tanta competencia, en cuanto alguien adquiría conocimientos se lo reconocían inmediatamente en el trabajo, e incluso, como fue en mi caso, la empresa te pagaba los estudios.

miércoles, 17 de febrero de 2010

A DÓNDE HUIR DE LAS INCLEMENCIAS DEL TIEMPO









Uno es un entusiasta lector de los diarios, novela en marcha, le gusta llamarlos a su autor, Andrés Trapiello. Me aficioné a ellos desde que le vi en un programa entrevistado por Sánchez Dragó y este los elogiaba. El primero que compré fue El FANAL HIALINO, había publicado además de diez anteriores, creo, otros dos posteriores, pero fue éste el que me vendieron en la primera librería que pregunté por El Salón de pasos perdidos en la Feria del libro de Madrid.
Luego han ido cayendo con fruición y deleite y por este orden de lectura: LA COSA EN SÍ, LA MANÍA, LOS HEMISFERIOS DE MAGDEBURGO, TROPPO VERO.
Al principio me disgustaba sus famosas X, pero luego le he ido cogiendo el tranquillo y uno disfruta reconociendo a los personajes, unas veces deduciéndolo directamente por el propio relato de los hechos y otras con la inestimable ayuda de Google. Uno va ya conociendo a sus amigos: J.M. (Juan Manuel Bonet), R.G (Ramón Gaya), M.B.(Manuel Borrás), a M (su mujer Miriam) a sus hijos: R (Rafael) y G (Guillermo) a sus adversarios Javier Marías, Andrés Sánchez Robayna, Juan Cruz. Lo que menos me gusta es cuando entran es descalificaciones personales autores que uno estima, caso por ejemplo de Juan Cruz y Javier Marías, ese resentimiento le deja a uno triste, pero es la condición humana y la envidia está presente casi siempre en estos lances, aunque, como dice su y mi admirado Rafael Sánchez Ferlosio, conoce uno a más que se quejan de que son envidiados, que a los que dicen que envidian, aunque claro está, esto se debe a que nadie le gusta contar su debilidades. Sin embargo, hay que reconocerle a Andrés Trapiello, su valentía al contar muchas veces sus debilidades y lo hace como si fuera de otro y no de él de quien está hablando, y este ejercicio de desnudarse uno lo agradece porque lo humaniza y lo acerca al lector.
En la última Feria del Libro de Madrid, tuve el honor de saludarlo y cambiar impresiones con él, nos dedicó a mi mujer y a mi su novela, que compramos en ese momento, Los Confines, salió la conversación sobre la casa que tanto sale en sus diarios Las Viñas, está cerca de Madroñera el pueblo donde estuvo de sacerdote Ulpiano, al decirle que era de Monroy, me dijo que lo conocía porque la persona por la que conoció Las Viñas tenía una finca cerca de Monroy, le pregunté que si era con el que se había distanciado últimamente y me confesó que la relación con él era ya imposible porque estaba loco.
Indagando en Internet con la ayuda del señor Google, para comprobar algunos de los nombres de sus personajes con incógnitas, me encuentro en uno de sus tomos del Salón de pasos perdidos, concretamente en Do fuir, este texto que creo aparece, según una reseña del libro en Internet, en la solapa de la edición de PRE-TEXTOS, digo creo, porque esta edición me dijeron ayer en la Casa del Libro de la Gran Vía, que está agotada:
“EL pintor Pancho Ortuño tenía, hace años, una pequeña rehala de beagles y perros de muy variada estirpe venatoria. Cuando quería adiestrarlos se los llevaba al campo y allí, en una dehesa cercana al pueblo extremeño de Monroy, los soltaba durante todo el día, desde el amanecer hasta el crepúsculo. Los perros, por instinto, en cuanto encontraban un rastro, se lanzaban con entusiasta algarabía en pos de él, y no era en absoluto infrecuente que a veces se perdieran de vista durante dos o tres horas en lances que no siempre coronaban con éxito. Su dueño, guiado únicamente por una ladra cada vez más desvanecida, se limitaba entonces a seguir su jauría a distancia, distraído por los amenos y filosóficos panoramas de la naturaleza. Cuando llegaba el momento de recogerse, hacía sonar el cuerno de caza. En la soledad misteriosa de aquellos encinares, tan profundo y melancólico halalí parecía perderse no sólo en la lejanía, sino en el medievo. Acudían disciplinados los sabuesos, se reposaban en el furgón y el cuerno de caza volvía a su bien talabarteada funda de cordobán. Era un cuerno de res en el que Pancho Ortuño, -con extraordinaria minucia, había grabado a fuego una estampa conmovedora. Se veía, en medio de una pradera, a una liebre con las manos levantadas y las orejas tiesas, atenta y advertida, y debajo esta leyenda: 'Do fuir'; dónde huir, palabras con las que manifestaron su desesperación y su congoja los enemigos de Gaston de Foix, el belicoso duque de Nemours, lanzado contra ellos en una codiciosa cuanto insensata persecución tras la batalla de Ravena en la que les acababa de derrotar. La literatura es un extraño viaje, y el que realizó ese epígrafe, desde aquel 11 de abril de 1512 hasta un cuerno de caza de hacia 1980, está lleno de la irrefutable poesía que ha unido para siempre el nombre de un capitán legendario, muerto a la edad de veintitrés años justamente en esa su más sonada victoria, y una liebre que mira el porvenir incierto desde su carpe diem”
Luego ha visto uno el libelo que le lanza uno de esos anónimos recalcitrantes, que alguien los definió como valientes con embozo, y que yo prefiero llamarlos cobardes con antifaz, este además actua como un Pessoa de mala baba utiliza varios heterónimos, y no duda en implicar a algún amigo vivo e incluso a alguno muerto, para expresar su odio a muerte al anterior amigo y compañero de andanzas. Uno de los heterónimos usados es el de El Crítico Constante, más bien debería haberse bautizado como El Odiador Constante.
Con el seudónimo de El Crítico Constante dice en uno de sus múltiples comentarios en el blog de Arcadi Espada:
Conozco al pintor Ortuño desde la lejana juventud. Una vez, divertido tras leer lo que dice Trapiello en la solapa de uno de sus diarios, me aclaró la historia. Al parecer el diarista se confundió de personaje pues mi amigo se refería con la cita al Gaston de Foix, señor de Foix y de Béarn (1331-1391), llamado Gaston Phebus a cuenta de su radiante cabellera dorada y autor de un famoso tratado de caza. El lema de su cuerno de caza no fue, como parece desprenderse del texto de Trapiello, “Do fuir” sino “Toco-i Se Gausos” (toca si osas). En realidad el Do Fuir es un invento del pintor, algo que se le ocurrió mientras visitaba la capital de los albigenses.
A la sazón, se atribuye a Gaston de Foix la creación del viejo sabueso occitano, la raza Bleu de Gascogne. Utilizando un sobre y un peculiar azul, Pancho Ortuño hizo un collage titulado justamente así, “Azul de Gascuña”, que dio que hablar cuando se expuso allá en los años setenta del pasado siglo.
Quizás debido al anterior comentario y a las múltiples descalificaciones que ha hecho en la blogosfera, sobre el escritor Andrés Trapiello, otrora su amigo, quizás por todo eso y por muchas cosas más, en la edición de bolsillo del Salón de los Pasos Perdidos que publica la editorial Destino figura en la contraportada el siguiente texto:
Novena entrega de los diarios de Andrés Trapiello, recogidos bajo el título Salón de pasos perdidos.
Vio el autor hace años grabada al fuego en un cuerno de caza una liebre de pie, con las orejas tiesas, extenuada y angustiada por la persecución de los sabuesos, y debajo esta leyenda: Do fuir, `dónde huir`, palabras que el perrero atribuía a Gaston de Foix, y que el belicoso duque de Nemours referiría a los enemigos a quienes no daba cuartel, o acaso melancólicamente a sí mismo. Sea o no apócrifa, esa divisa no es muy diferente de la acuñada por Horacio: carpe diem. La literatura oscila entre ambas, del mismo modo que estos libros son una huida imposible hacia el futuro y una pérdida irremediable del presente.
«Al autor le gustaría que estos libros llevaran el título general de Salón de pasos perdidos. Libros en los que sería absurdo quedarse, pero sin los cuales no podríamos llegar a esos otros lugares donde nos espera el espejismo de que hemos encontrado algo. A ese espejismo lo llamamos novela, y a ese algo lo llamamos vida.»
Y uno lo siente de veras, porque ha desaparecido en esta edición de bolsillo de Do fuir, de la editorial Destino, que uno compró ayer mismo en La Casa del Libro, la mención de su pueblo Monroy, pero lo siente más porque las inclemencias del tiempo, léase la envidia, nos conduzcan a los seres humanos a tirar por la borda tantos años de amistad.
La envidia y su consecuencia más perversa el odio nos lleva a ser muy infelices, hay que conseguir, por todos los medios a nuestro alcance, convertir la envidia en admiración como Bertrand Russell preconizaba, admirar es mucho mejor que envidiar, presumir de amigos y compartir sus éxitos es mucho mejor para nuestra salud mental y física que odiarlos.
Uno, (prefiero poner uno a poner yo aunque no le guste a Arcadi Espada) por lo menos hasta hoy admira a Bertrand Russell, a Sánchez Ferlosio, a Javier Marias, a Juan Cruz y a Andrés Trapiello, todos ellos para mi excelentes escritores. Claro está que a lo mejor si uno fuese un escritor importante y consagrado y no un humilde aficionado que cuenta en un blog sus memorias de un niño de pueblo de derechas, a lo mejor también soltaría alguna pulla sobre ellos de vez en cuando.
Por cierto también admiro como escritores a Umbral, y hasta a Camilo Jose Cela, a pesar que no me gustaba nada del carácter de ambos, pero lo cortés no quita lo valiente o al revés y hay que reconocer que leyendo Viaje a la Alcarria o La familia de Pascual Duarte uno encuentra rasgos de verdera ternura y compasión en Cela, y no digamos en Umbral y su Memoria de un niño de derechas, donde se nos muestra con toda la vulnerabilidad de un niño de la posguerra en su Valladolid natal, cuesta creer leyendo este libro su estereotipada actitud ante la vida, aunque uno cree que no era más que una pose para no parecer vulnerable.

Y uno piensa, como Andrés Trapiello pensaba antes de pelearse con su amigo, que Monroy no es un mal lugar dónde huir, dónde apreciar la misteriosa soledad de los encinares y dónde distraerse con los amenos y filosóficos panoramas de la naturaleza que lo circundan.

POSDATA (15/11/2010):

Posteriormente a la publicación de esta entrada leí el tomo de Los pasos Perdidos correspondiente al año 1992, Locuras sin fundamento, sobre este mismo episodio el autor publica lo siguiente:

HACE unos años iba de caza con un buen amigo. ¨Él llevaba la escopeta, la recova de sabuesos y la merienda. Yo iba de oyente. Pasábamos el día fatigando los montes de la dehesa y discurriendo sobre lo humano y lo divino. A mediodía, después de comer, mientras los perros descansaban, sesteábamos debajo de una encina, junto a un pequeño fuego. Mi amigo tenía un cuerno de caza para llamar a sus admirables bleus de Gascogne, si éstos se desmandaban. Fue en aquel cuaderno de caza donde leí ese lema por primera vez. Mi amigo había dibujado en él, como lo hacen los marinos y esquimales con los scrimshaw, una liebre. Era una liebre muy bien traída levantada, con las orejas tiesas y esos ojos de no entender nada que tiene las liebres. Debajo mi amigo había metido en un orla las dos palabras que sirvieron de lema al esforzado Gaston de Foix: "Do fuir?" No sé por qué, pero también yo hoy, como la liebre, levanto las orejas y miro al retortero del alma sin encontrar otra cosa que desolación y tristeza, sin saber adónde huir, ni para qué, si acaso lo supiese.

Y acabo de leer, en el excelente libro el Arca de las palabras, en la edición de enero 2006, como Andrés Trapiello al referirse a la palabra liebre dice lo siguiente:

De todas las liebres ideales, una sobre todo, aquella que un sabuesero había grabado en el cuerno de caza con el que llamaba a los perros de su rehala. Se la veía de pie, con las orejas tiesas, alerta, angustiada acaso, sobre un lema que, aseguraba ese perrero para darse pisto, había sido el de albigense Gaston de Foix: "Do fuir?"

Aquí se puede ver muy claramente como las inclemencias del tiempo nos afectan poderosamente.

jueves, 4 de febrero de 2010

UNA PANDERETA SUENA Y NO ES NAVIDAD



Fiesta de las Candelas

con su procesión, sus velas

guapas chicas ataviadas

de gran elegancia heredada

con sus pañuelos bordados

de indiscutible belleza,

encima de sus espaldas

y sobre sus lindas cabezas

Serena emoción, sublime canto,

sencillos, mágicos momentos,

de puro canto sin instrumentos

y sentimientos de puro encanto.

Estuve dudando de si iba o no a las Candelas, pero el lunes, día 1, nada más salir de trabajar me animé al ver que las previsiones meteorológicas auguraban buen tiempo. ¡Y vaya si mereció la pena acercarse a Monroy! Nada más llegar el rosal que hay en el alcorque de la fachada de mi casa me recibió con una olorosa rosa y un precioso y reventón capullo. Dicen que Dios nos dio la memoria para poder tener rosas en invierno, pero, éstas no eran un recuerdo sobrevenido, eran rosas verdaderas que han florecido en el invierno monroyego y que olían como las rosas del mes de mayo las de "con flores a María".

Aunque, a éstas inesperadas rosas yo las llamaría con flores a Victoria (q.e.p.d.), prima de mi madre y nuestra vecina de enfrente, como recuerdo de gratitud te las ofrezco a ti Victoria, pues fuiste tú quien plantó el rosal, y además, a la virgen ya se las ofrecen muchas veces, en muchos lugares y en todo los tiempos, incluso en invierno.

Antes de que cerraran me acerqué al comercio de los Hermanos Benito Gómez e hice provisión de magdalenas, patatas fritas El Gallo y un magnífico cabrito lechal de unos cinco kilos envasado al vacío, del que daremos buena cuenta asado al horno, sólo por el cabrito ya hubiera merecido la pena ir a Monroy.

Aproveché también para recoger mi cosecha anual de naranjas, bueno, sólo tengo un naranjo, pero da unas naranjas tan excepcionales y ricas como no hay otras, recogí sesenta naranjas a cual mas gorda, auténticas naranjas ecológicas Washington Navel (naranjas guachi decíamos de pequeño) con un sabor inmejorable y gran cantidad de zumo.

Después de la recolección fui al museo de iconos de mi hermana, que hace también las veces de casa de invierno, a dejarle a mi cuñado Gerva la excepcional novela de Felipe Trigo Jarrapellejos, libro que explica muy bien lo dura e injusta que fue la vida en Extremadura a principios de siglo XX. Sería interesante tratarlo en algún libro-forum. Mi hermana me invitó a cenar unas excelentes sopas de ajo.

Después de la agradable cena en casa de mi hermana, estuve en el Bar de los apartamentos Cristina, departiendo con Ricardo en animada charla hablando entre otras cosas, de su Atlético, de mi Madrid y de nuestro Liverpool y de la canción que tanto nos gusta a los dos: Los macarras de la moral, de nuestro cantante favorito Joan Manuel Serrat.

El día de las Candelas a las diez de la mañana me llamó Maribel desde Madrid para despertarme, abrí el balcón, como hago siempre cuando me levanto en Monroy, salí a la terraza y pude contemplar la privilegiada vista del Castillo y el espléndido día que hacía con esa luz tan especial que tiene Monroy, donde la atmosfera en tan diáfana que hace que el cielo sea de un azul muy intenso.

Me duché y me fui al Bar de Ricardo a desayunar café con churros, me comí cuatro recién hechos que me supieron a infancia. Es curioso pero las tres veces que he ido a desayunar a casa de Ricardo nunca he pagado, las tres veces me han invitado, en ésta ocasión me invitó Jose Benito, el hijo mayor de mi prima Pupe, la primera fue Ana Simón, la hija de mi primo Justo (q.e.p.d.), la segunda fue Jesús Simón, el hijo de mi primo Jesús, qué casualidad, los tres que me han invitado son hijos de primos hermanos míos. Uno agradece mucho este gesto de ser invitado pues se siente uno querido, no hay cosa mejor que sentirse querido en este mundo y sobretodo si este mundo es el lugar donde has nacido.

En el vídeo que he puesto más arriba aunque corto, no puede ser mayor por problemas del blog, se puede apreciar la excelente interpretación de las Purificás de este año, parece ser que pertenecen al grupo Recordanzas, y se les nota el oficio, por cierto gran labor la del grupo Recordanzas, tienen todos sus componentes un gran mérito.

La fiesta de la Purificás se celebra en muchos pueblos de la provincia de Cáceres con los mismos ritos y canciones que en Monroy, de ahí su dificultad para otorgar a Monroy fiesta de interés regional, pues todos eso pueblos podrían protestar. Incluso el escritor nacido en Monroy, Víctor Chamorro, en su excelente enciclopedia de Extremadura sitúa la fiesta en Ceclavín. Pues bien, últimamente y sobre todo a raíz de la composición de Acetre que así la titula: Purificás de Monroy, todo el mundo sitúa la fiesta en Monroy y esto creo que hay que agradecérselo al grupo Recordanzas pues ha sido y sigue siendo un gran embajador de folclore de Monroy, lo mismo podría valer para La Jota Cuadrada que todo el mundo la identifica con Monroy y en esto tiene también mucho que ver el grupo Recordanzas.

La Jota Cuadrada, según Víctor de la Serna forma parte de las jotas palaciegas que se bailaban alrededor de los castillos y es de una gran elegancia tanto en la danza como en la letra. En el libro de viajes de este autor, La Vía de Calatraveño, que tuve la suerte de que me lo regalase dedicado su hijo Jaime, dice que estando descansando en el patio de una casa de Ciudad Real vio a unas chicas muy guapas bailar unas danzas elegantísimas que eran como pavanas: lentas, delicadas y cortesanas. La canción comenzaba así:

Quítate de esa esquina,

galán, que llueve.

Deja correr el agua

Por donde viene.

Esto que cuando lo leí, tengo que reconocer que me disgustó un poco, pues presumía que la Jota Cuadrada era autóctona de Monroy, hoy ya que uno ha superado su localismo, valora como algo insustancial el hecho de que se pueda bailar también en otros sitios, que más da de dónde sea, si cuando se baila y se canta, tan bien como lo hace el grupo Recordanzas, nos emociona.

A propósito de la versión de Acetre de las Purificás de Monroy, recuerdo hace ya varios años cuando Acetre estaba haciendo la presentación del disco, un sábado por la mañana estaba en casa, yo casi nunca pongo la radio estando en casa, pero en ese momento sentí como un impulso y puse Radio Nacional de España, creo que era Radio Tres, y de pronto nada más ponerla escucho al locutor presentar más o menos de la siguiente manera:

Ahora van ustedes a escuchar una bella melodía recogida por el grupo extremeño Acetre, melodía que entronca con unas bellas composiciones de origen cántabro, y que ha sido recogida del folclore del pueblo cacereño de Monroy.

Os podéis imaginar el salto que pegué, me acordé de mi madre que no hacía mucho que había fallecido y pensé que quizás fuese ella la que había intercedido para que lo escuchase . Por cierto muy buena la versión de las Purificás, muy bueno el disco en general y el Grupo Acetre en particular.

Nada más verme a la entrada de la Iglesia, mi primo Ceferino vino con su teléfono móvil a mostrarme la fotografía que está en la entrada anterior a ésta, llamó a José Barra para mostrársela, a José le hizo mucha ilusión también, luego se la enseñó a Fulgencio y a Urbano que también andaban por allí y a todos se les notaba contentos por haber salidos retratados en Internet .

Cuando terminó la ceremonia estuve tomando el aperitivo con Emilio, con mis hermanas Mena y Paqui, mis cuñados José y Gerva y con los consuegros: Antonio y Carmen, Virtudes y Tomás. Primero estuvimos en los apartamentos Cristina y luego fuimos al Casino. Nada más entrar en el Casino se me acercó Crispín muy efusivo diciendo: ¡Me he enterado en Cáceres! Se refería a la entrada de este blog: La escopeta de Crispín. Por fin se había enterado que el que escribía en Internet sobre nuestra infancia era yo, le había hecho mucha ilusión, tanta, que había pedido a su hija que se lo imprimiese y se lo enseñaba a todo el mundo en el casino.

Después nos fuimos a comer a casa de mi hermana Mena, comimos en el comedor donde comíamos siempre cuando vivíamos con mis padres en Monroy, fue una sensación extraña, me senté en el mismo sitio donde me sentaba cuando era pequeño, estábamos cinco comiendo, mi dos hermanas, mis dos cuñados y yo el comedor lo veía más pequeño, me parecía imposible que cuando estábamos en Monroy nos sentáramos a comer nueve. Muy buena la carne guisada de mi hermana Mena, muy buenas las croquetas de mi hermana Paqui y muy bueno el vino, uno de mis favoritos Abadía Retuerta, que le habían regalado en la cesta de Novartis a mi sobrina Ana y mi hermana tenía especial interés en que lo probase.

Cuando salimos de casa de mi hermana Mena y nos dirigíamos hacia la plaza para asistir al sorteo de las Roscas, un señor muy simpático al que yo no conocía, me espetó desde la acera de enfrente: La letra con sangre no entra, enseguida comprendí que era un lector de este blog. Está casado con una hija de Albino y Antonia, vive en Illescas, y es un fiel lector de este blog, me recordó algunos detalles que le gustaban de lo que yo escribía y además, fue muy amable al decirme que en la fotografía del blog parecía mas viejo que en la realidad.

Nos dirigimos hacía la plaza acompañados de él, su mujer y su cuñada, hermana de su mujer que tiene los ojos igual que Albino, su padre, de pronto ésta al llegar a la altura de la casa de la madre de Ricardo , dijo: vamos a saludar a la mujer más buena de este pueblo, ya iba a despedirme de ellos, cuando mi hermana Mena me cogió de la mano y me dijo: pasa tú también a saludarla. Resulta que la madre de Ricardo, seguramente a instancias de sus hijas, que me consta que son dos buenas lectoras de este blog, Margari y sobre todo Mari Carmen la que vive en Sabiñánigo, le han sacado a impresión lo que uno escribe y ella lo lee, tengo que reconocer que en ese momento se me saltaron las lágrimas, la mujer me cogía las manos y me daba las gracias.

Cuando llegamos a la plaza nos enteramos que a mi hermana Mena le había tocado una de las tres roscas que se rifaban. Sí, definitivamente había merecido la pena ir a Monroy a Las Candelas.

Ah, la rosa la dejé en rosal, pero el capullo lo corté y me lo traje a Madrid para Maribel.

lunes, 25 de enero de 2010

FOTO MUY ENTRAÑABLE

Foto tomada del blog www.perdiu.blogspot.com de la monroyega Mimi Cerro.

Hace muy pocos días en una de las entradas de este blog, concretamente en la del día 13 de marzo 2008, Mimi se dirigía a Felipi Chiola, que a su vez había hecho un comentario en dicha entrada. Como la entrada es antigua es muy posible que Felipi no la lea, es por esto que lo traigo aquí a colación ya que Mimi está muy interesada en contactar con ella.

Aprovecho para colocar esta fotografía de año 1957 que Mimi tiene en su blog http://www.perdiu.blogspot.com

Mimi (Jerónima) es la del centro con el vestido blanco, a su izquierda está José Barra y en primer término a la izquierda reconozco a Manolo Crispin. Por el fondo de la fotografía creo reconocer a mi primo Ceferino, a Pedro Pondera... A otros y otras los conozco pero no recuerdo sus nombres.

Bueno, lo mejor será que si alguno está o conoce a alguien que esté en ella los identifique.


lunes, 11 de enero de 2010

DESCANSA EN PAZ AMIGO GOÑI







No hace mucho en unas de las entradas del este blog, hablaba del miedo cerval que sentía mi madre cuando nos acercábamos al Cabril. Hasta tal punto era su miedo que cuando se enteraba que había estado por allí me castigaba.

Parece ser que al cabo del tiempo los hechos le han dado la razón. El pasado día de Reyes el amigo Goñi perdió su vida en este bonito paraje.

Desde aquí quiero rendirle un homenaje y acompañar en el sentimiento a todos sus familiares y amigos.

Me gustaba presumir ante mis amigos de Madrid, de que en el pueblo teníamos un peluquero que venía a cortarnos el pelo a domicilio. Todo un lujo amigo Goñi que tú hacías posible.

Ya estás descansando en paz insigne peluquero de la voz ronca y la sonrisa franca.


martes, 17 de noviembre de 2009

Cuando seas padre comerás huevos

Creo que fue 1962 el año que resultó del todo completo, se dieron bien los cereales, había salido la cosecha de a veinte, se decía. Fue también un buen año de corderos y la lana cotizaba todavía al alza, nunca vi a mi padre más contento con los resultados del año agrícola y ganadero.

Entonces se puso de moda las granjas de gallinas en explotación intensiva, se les dejaba la luz encendida por la noche para que produjeran más. A mis padres no se les ocurrió mejor idea que invertir los buenos resultados obtenidos en la cosecha en transformar el salón de baile en una granja de gallinas. Asesorados por unos técnicos de Ministerio de Agricultura adecuaron el salón para trescientas gallinas ponedoras de la marca Wilcos, las trajeron en un camión desde Valladolid, recuerdo que el que las trajo preguntaba que era lo que hacía tanta gente agachada debajo de los árboles.

La respuesta que le dieron de que la gente se encontraba en las viñas recogiendo la aceituna, al pobre vallisoletano no le debió quedar muy claro eso de que en las viñas se recogiesen aceitunas, tampoco debía tener mucho mundo el de Valladolid, pues mira que no saber que esos árboles eran olivos y que estos dan aceitunas. La gente se arrastraba literalmente, por el frío, rugoso e inhóspito suelo de las viñas para recoger las aceitunas desparramadas.

El último año que estuve en Monroy fui a recoger aceitunas junto con mis hermanas, Mena y Paqui, hasta entonces siempre las habían recogido gente contratada por mi padre. En mi vida lo he pasado peor, hacía frío, las manos se me quedaban heladas, me dolía el cuerpo de estar agachado, pero lo peor para mi autoestima, era que chicos de mi misma edad e incluso menores, me duplicaban en la cantidad de aceituna que recogían y además no se quejaban de que les doliese nada.

Yo le decía a mi padre que por qué antes de varear no se colocaban mantas alrededor del olivo y luego nada más que habría que separar las hojas, de esta forma se ahorraría un montón de tiempo en la tarea y no habría que estar agachado tanto tiempo, sólo sería necesario agacharse para recoger las que hubieran caído fuera de las mantas. Ahora vas a venir tú a cambiar las cosas, si se han hecho siempre así, por algo será, fue la respuesta de mi padre. No sé por qué no entraba esto en la cabeza de la gente, ahora casi todo el mundo recoge la cosecha extendiendo plásticos alrededor del olivo y el terreno se alisa, en lugar de tener surcos. Quizás ese algo fuese debido a que se tenía en más estima el valor de unas mantas que el valor de la mano de obra y es que ésta, entonces, era muy barata.

Debió funcionar muy bien la publicidad de los criadores de gallinas de granja ya que a toda Extremadura le dio por poner granjas de intensivas gallinas ponedoras, hasta el cura párroco, Don Abilio, puso una, y claro está, se cumplió una de las leyes fundamentales de la economía, y que fue una máxima que yo aprendí en carne propia, y que me vino muy bien para cuando estudié esta asignatura en ICADE. La máxima es que cuando la oferta es mayor que la demanda se produce deflación, dicho en términos más coloquiales, que si hay muchos que venden y pocos que compran los precios de las cosas bajan. Vamos lo contrario de la inflación. Se pusieron tantas granjas, que los huevos bajaron tanto que con el producto de su venta no se alcanzaba para pagar el pienso compuesto que se comían las gallinas, que, por cierto, sabía mucho a pescado.

Menuda diferencia entre el sabor de los huevos de las gallinas de corral y el de las de granja, yo pude contrastarlo y apreciarlo in situ. Debido a un principio de estrabismo que tuve y que mi madre achacó a flojera, todos los días a las once me zampaba dos huevos fritos.

Es verdad que con las granjas intensivas de producción hoy todo el mundo puede comer huevos y pollos, que por entonces eran un artículo de lujo e incluso han contribuido a una mejor alimentación y a que la talla de los españoles supere a la media europea, y hay que reconocer que hoy los piensos compuestos ya no saben a pescado, pero, donde se ponga el sabor de los huevos que dan las gallinas alimentadas con piensos naturales al aire libre y el de los pollos igualmente alimentados, que se quiten los sabores de los de granja.

Recordad que hay un refrán, machista donde los haya, afortunadamente hoy ya obsoleto, que dice: Cuando seas padre comerás huevos. Pues bien yo, sin ser padre y para envidia de mis hermanas, todos los días del año me comía dos huevos, por supuesto de las gallinas del corral. ¡Qué injusticia¡ Yo comiendo huevos y mis hermanas mirando. Claro que esto lo promovía otra mujer, mi madre, no toda la culpa del machismo hay que atribuírsela sólo a los hombres, las madres han contribuido también bastante a que fuera así, e incluso todavía hoy, las madres consienten que los hijos realicen menos tareas en la casa que las hijas.

Y esto no es nada bueno para la educación de los varones, la mujer está consiguiendo cada vez más cuotas de empleo y preparación que los hombres, así que los chicos cada día que pasa lo tienen peor, pues la mujer está alcanzando, e incluso en muchas profesiones, superando a los chicos, así que estos lo van a tener crudo.

¡Por favor, madres, por el bien de los hombres eduquen a sus hijos en las tareas de la casa! Ya que si no es así, éstos lo van a pasar realmente mal, pues las mujeres de hoy no los van a cuidar y tratar como lo hacían las de antes.

viernes, 6 de noviembre de 2009

San Manuel, bueno y mártir

Las vacaciones las recuerdo como mucha alegría, especialmente las de Navidad, venían los que estudiaban fuera en Cáceres, los más, algunos de Madrid y muy pocos de Salamanca. En mi casa teníamos futbolines y era cita obligada de los estudiantes. La idea de los futbolines había sido de mi madre que vio un anuncio en un periódico. Los futbolines eran de Talleres LASUNCION calle Marquesa de Árgüeso, Madrid. Aunque ahora dudo y quizás en la chapa pusiese La Asunción. El sesenta por ciento de la recaudación era para los de talleres propietarios y el cuarenta restante para nosotros.

De mi madre también fue la idea de poner los futbolines en una casa que tenía mi abuelo en la calle al lado de la posada, casa que hoy ya no existe. Allí en el zaguán se instalaron un futbolín y un juego de esos que tenían dos tablas a cada lado para parar y lanzar las bolas. La tarifa era una peseta para seis bolas. Algunos avispados limaban las monedas de dos reales para hacerla más fina y sacaban con ellas las mismas bolas por la mitad de precio.

Yo invitaba a veces a jugar y claro está no pagaba, abría el candado y sacaba las bolas, allí aprendí a jugar al futbolín y, aunque, tengo fama de ser un poco torpe de movimientos, lo hacía con bastante destreza y era de los que mejor jugaba, junto con Pepe Pondera, que ya era novio de Cristina, creo que ya eran novios cuando hicieron la primera comunión.

La vida me ha demostrado que cuando se practica y se ensaya uno llega a desarrollar aptitudes que parecen no tenerlas, eso mismo me ocurrió con la destreza que desarrollé con la sumadora cuando trabajaba en el departamento de contabilidad, entonces no existían ordenadores y todo había que hacerlo manualmente, ni siquiera había calculadora electrónicas eran mecánicas, teníamos un truco para ahorrar tiempo en las multiplicaciones, si poníamos como multiplicador la cantidad más larga la máquina tardaba menos en hacer la operación que si lo hacíamos al contrario.

A la casa de mi abuelo acudían todos los mozos del pueblo a jugar a los futbolines uno de los más asiduos era Julio Sierro (q.e.p.d.) ya era también novio de Puri.

Un día un chico mayor me quiso pegar dentro de la casa de los futbolines por llamarle, eufemísticamente hablando, poco hombre, lo que le llamé en realidad fue maricón, y se lo llamé no sólo yo, sino también todos los que fuimos a bañarnos esa tarde a la charca de la Era, él quiso vengarse, como era lógico, era mayor que nosotros y era muy fuerte, afortunadamente no quiso hacer demasiada leña de mí y creo que no llegó ni a pegarme, me amenazó con hacerlo si seguía insultándole, no me arredré y le hice frente, pero en honor a la verdad hay que decir que yo no estaba solo me defendieron Telesforo, Eustasio, Ángel de la Montaña, Marcelo y alguno más que ahora no recuerdo.

Qué crueldad la de entonces con el tema de la homosexualidad, yo no sé si realmente ese chico era o no era homosexual, lo que si sé, es que hoy, afortunadamente, pienso que el serlo no es ningún desdoro.

¿Qué culpa tengo yo de que a mí no me guste el queso? Y por ende: ¿Qué culpa tienen los homosexuales de que no les guste el sexo contrario? ¡Ah! ¿Qué no es lo mismo? Y quién decide que nos es lo mismo. Se dice que ser homosexual no es natural, pues miren lo natural es lo que ocurre en la naturaleza y es un hecho incontrovertible que hay gente a quien no le gusta el sexo contrario, lo mismo que existe gente a la que no nos gusta el queso y eso es natural porque está en la naturaleza. Si por el hecho de que a mi no me guste el queso pudiera estar estigmatizado de por vida, porque a alguien se le antojase que lo mío es una enfermedad y que soy un pervertido, diríamos, con razón, que eso es una barbaridad, pues es exactamente la misma barbaridad si se dice de los homosexuales.

Cuanta gente homosexual en los días aciagos del Nacional-Catolicismo ha tenido que sufrir lo indecible por estar estigmatizado, con un complejo de culpa que a mucho les has hecho infelices de por vida, a ellos, a sus padres y a la gente que les quería, algunos llegaban hasta el suicidio. Afortunadamente en los tiempos que corren esto se va superando y la sociedad va tolerando y aceptando que lo que haga cada uno con su cuerpo y su alma en el ámbito de su intimidad, mientras no violente a nadie, es cosa de él y de quien lo comparta.

Hoy pienso muy distinto de como pensaba entonces con respecto al tema de la intolerancia con los homosexuales, pero que otra cosa podía pensar entonces si el segundo libro que llegó a mis manos y el primero que leí se titulaba Te vas haciendo hombre. El primero había sido Moby Dick y no tuve mucho éxito en su lectura leí el prólogo y poco más, lo he leído hace poco y me ha causado gran placer, Herman Melville es un gran escritor.

El libro Te vas haciendo hombre me lo prestó mi primo Vidal, todavía está catalogado, la editorial es Ediciones Paulinas, aunque no sé si lo habrán revisado, espero que por el bien de los jóvenes de ahora que lo lean sí lo esté. En ese libro se encontraban perlas de este tenor: La masturbación reblandece la médula espinal y te puedes quedar ciego.

Hoy con la perspectiva que da el tiempo puedo asegurar que ha sido el libro que más influyó en mi adolescencia y el más nefasto de todos cuando haya leído a lo largo de mi vida, no se pueden decir más mentiras juntas y meter más miedo a unas pobres criaturas. El libro preconiza la castidad, el celibato y llegar virgen al matrimonio, preceptos imposibles de cumplir cuando los jóvenes son sanos, si no es a costa de perder muchas cosas en el camino, entre ellas la salud física y psíquica. Estos preceptos desquician y obsesionan a los sujetos que intentan de buena fe, como era mi caso, cumplirlos, y esto si que a mi se me antoja antinatural, pienso, que es a causa de estas prohibiciones de la Iglesia Católica, a lo que se debe el índice de pederastia tal alto que se da en esta institución.

Por la época que leí el libro e influenciado por Don Marcelo contemplé la posibilidad de ser cura e irme a estudiar en el seminario de Plasencia. Muchas veces me da por pensar que si hubiera sido cura y pensase como pienso ahora, hubiera sufrido un verdadero trauma al tener que tomar una decisión de dimitir de mi estado religioso. Pienso en tantos otros jóvenes de pueblo como yo, que en mis mismas circunstancias, optaron por hacerse sacerdotes y el desgarro que debió suponerles no sólo la crisis de fe en sí, sino el defraudar todas las expectativas que sus familiares y allegados habían depositado en ellos. Todos ellos eran pequeños cuando fueron reclutados, la mayoría en pueblos como el mío, casi todos hijos de labradores, que veían una salida airosa e importante para sus hijos, pues ser sacerdote era como estudiar una carrera que les salía gratis.

Pienso en mi madre que le hubiera hecho mucha ilusión, pues era muy religiosa, que hubiera sido sacerdote. Y pienso en el momento de tener que decirle que no, que yo ahora no creía en todo eso que me habían inculcado de pequeño, que difícilmente podía ser representante de un Dios en el que no creía en su existencia.

Claro, que a lo mejor, hubiera hecho lo que el protagonista de la extraordinaria novela de Unamuno: San Manuel Bueno. Mártir, que para no desosegarla y causarle sufrimiento me hubiese guardado mis dudas, aunque creo, que en el caso de Unamuno y en el mío, más que dudas de fe eran certezas de no tenerla, me hubiera llevado éstas conmigo a la tumba, como hizo el bueno de San Manuel y sin lugar a dudas hubiese sido un desgraciado, porque no hay mayor frustración que representar a alguien en el que no se cree.

viernes, 2 de octubre de 2009

Libertad condicionada de un alumno libre

Foto del Libro de Calificación cuando me matriculé de Reválida de cuarto.


Suspender dos asignaturas en septiembre de tercero de Bachillerato supuso un gran varapalo para mi autoestima, era la primera vez que empezaba un curso sin haber aprobado el anterior, pero, creo que en mi fuero interno, y a pesar de la inseguridad que me produjo el hecho de no ser capaz de sacar el curso, albergaba la esperanza de que si estudiaba, como había estudiado latín con Don Marcelo, los resultados serían mejores.

Y, efectivamente, así fue, me examiné un día de matemáticas y francés de tercero, y al día siguiente de todas las asignaturas de cuarto, tuve que esperar para entrar en el examen de matemáticas de cuarto, que siempre era la primera asignatura de la que nos examinábamos, a que llegara el profesor con la nota del examen del día anterior. Afortunadamente, saqué un ocho y recuerdo con agrado las palabras amables del Catedrático don Rodrigo Ávila, diciéndome: Ánimo chaval, ahora a por las de cuarto.

Francés lo aprobé con un cinco raspado, menos mal que en cuarto no había francés.

Y si, también aprobé las matemáticas de cuarto, me quedaron: Física y Química, Historia y Lengua, las aprobé en septiembre con un cinco raspado.

Y en septiembre venía, después de haber aprobado cuarto, el examen tan temido de la Reválida, se hacía en tres ejercicios, uno por grupo, se tenía en cuenta para la calificación final la nota media obtenida en los cursos, curiosamente aprobé los grupos donde tenía menor nota media: El grupo I.- Religión e Idioma moderno, y el grupo II.- Latín, Lengua y Literatura españolas, Geografía e Historia. Me quedó el grupo III.-Matemáticas, Física y Química y Ciencias Naturales, que era donde mejor media tenía debido, fundamentalmente, a las notas obtenidas en Matemáticas.

En el examen de Reválida nos examinábamos los alumnos que estudiábamos por libre junto con los de los colegios particulares. En el primer examen dejamos sobre el pupitre el libro de calificación abierto con nuestra fotografía y en el resto de ejercicios nos sentábamos en el mismo sitio. Vigilándonos estaban los profesores del Instituto el Brocense, pero también estaban los profesores de los colegios particulares. La verdad es que mucho control no había, éramos más de quinientos alumnos examinándonos y los profesores encargados del control, más que controlar lo que hacían era favorecer a sus alumnos soplándoles las preguntas.

A mí me tocó sentarme entre las alumnas de un colegio de monjas, creo que eran las Josefinas, y cuando éstas les chivaban a sus alumnas las preguntas, yo ponía la antena para captar algo. En el segundo ejercicio ya tenía familiaridad con las monjas y les preguntaba mis dudas como si fuese su alumno. Hubo una que me dijo: ¡Oye, que tú no eres de mi colegio, pregúntaselo a tu profesor! Respondí: A mi profesor no le han dejado entrar porque yo soy un alumno libre, pero creo que también soy hijo de Dios y que tengo el mismo derecho que sus alumnas a una ayudita. Le hizo gracia la cosa y desde ese momento me soplaba a mí las respuestas antes que a sus alumnas, luego les decía a ellas que me preguntaran a mis las dudas. Fue un acuerdo inteligente, ella no levantaba sospechas de ayudar a sus alumnas ante los demás profesores y yo me beneficiaba, en el buen sentido, de los conocimientos de la monja.

Es curioso, pero con lo tímido que he sido siempre, en estos lances perdía toda la vergüenza y mi comportamiento rayaba en el descaro, debía ser la lucha por la supervivencia, las notas eran muy importantes y no dudaba en arriesgarme para obtener el máximo provecho de la situación.

Tiene gracia lo de que yo era un alumno libre ¡vaya eufemismo! Éramos libres, porque nuestros padres no tenían dinero para que pudiésemos estudiar, no ya en un colegio de pago, no había dinero ni siquiera para estudiar en un Instituto, ya que había que pagar la estancia en Cáceres. Hoy en día esto no supone ningún impedimento se puede vivir en Monroy y estudiar en Cáceres, yendo y viniendo todos los días, entonces los alumnos que estudiaban en Cáceres sólo iban al pueblo en vacaciones, ni siquiera, venían los fines de semana.

La gran mayoría de la gente que ha estudiado en Monroy son maestros, y la razón es muy sencilla, en Extremadura no había Universidad, sólo estaba la Escuela de Magisterio. Yo también estuve a punto de estudiar para maestro, pero como el examen de Revalida lo realicé en septiembre y el plazo para matricularse de Magisterio terminaba antes, se permitía matricularse en éste antes de saber las notas de Reválida, matrícula condicional, creo que se llamaba, Don Juan Soria, solicitó en mi nombre la matrícula condicional y la denegaron porque tenia trece años, para estudiar Magisterio había que tener catorce años cumplidos.

Es posible que si no me hubieran denegado la matricula hoy sería maestro ¿quién sabe? Aunque, no sé si hubiera sido un buen maestro, Mi primera y única experiencia como profesor no fue muy halagüeña que digamos, Don Juan Soria tuvo un compromiso ineludible, y me pidió que diera un día la clase por él. Era imposible hacerse con la clase, yo tenía catorce años y claro está, no imponía ningún respeto, los chicos tenían dos o tres años menos que yo y todos me conocían. Alguien se me sublevó más de la cuenta y le amenacé con pegarle, ni siquiera le pegué, solamente le amagué. Pero por la tarde se acercó la madre, acusándome de que había pegado a su hijo, cuando le vi llegar con su madre, que era de armas tomar, me dieron ganas de saltar por la ventana.

Como pude le hice ver que yo no tenía nada contra su hijo, sino que mi intención era conseguir hacerme con la clase, ya que todos se habían soliviantado y no había forma de que entraran en razón y por eso amenacé a su hijo, pero que no le había llegado a tocar. Parece ser que la madre se apiadó de mí y no hubo mayor trascendencia, pero a mí se me quedó grabado para siempre lo difícil que es hacerse respetar si los demás no quieren hacerlo y máxime si estos son numerosos, pues terminan contagiándose unos de otros.


Sin duda el oficio de maestro es un gran oficio, pero requiere aparte de conocimientos, unas dotes de persuasión, entusiasmo y dedicación, que no están al alcance de cualquiera, no todo el mundo puede ser buen maestro, para serlo se necesita, aunque suene a tópico, vocación.

Mi amigo, Javier Recas, buen profesor, Catedrático de Filosofía en el Instituto Gran Capitán, dice que hubiera sido un excelente maestro, porque ha observado que todos los niños de la urbanización donde vivo en Madrid, me conocen y quieren jugar conmigo, sobre todo, cuando estoy dentro de la piscina en mi hora de ejercicios, a mí me gusta jugar con ellos y me lo paso muy bien, al mismo tiempo que realizo ejercicios al lanzarlos por los aires.


Tengo muchas dudas y muy pocas certezas en esta vida, y las pocas certezas que tengo no son para ser muy optimista, pero hay una que es muy importante para mí y que me hace seguir teniendo fe en el género humano, esta certeza es que los niños son los seres más importantes que hay en este mundo y que si se les da cariño ellos te corresponden sin condiciones.

miércoles, 29 de julio de 2009

LA ESCOPETA DE CRISPÍN


Cuando veo lo descarados que son los gorriones y también las palomas, que no se apartan aunque uno los espante, me acuerdo de la escopeta de Crispín y pienso que pronto se nos iban a quedar tan cerca si estuviésemos en el pueblo con las utensilios que usábamos entonces.

No sólo teníamos escopetas, bueno tampoco voy a exagerar, el único que tenia escopeta era Crispín, pero con una nos bastaba para mantener a raya a todos los pájaros del pueblo, me refiero a los que vuelan. Teníamos también tiradores y cepos, recuerdo aquellos cepos de cobre acerado, al que nada más comprarlos les quitamos la varilla metálica que traían para sujetar el engaño y la sustituíamos por un hilo al que atábamos, con mucho esmero, un grano de trigo, al que previamente, habíamos hecho un canalillo para que el hilo se incrustase.

Algunos reforzaban los cepos con un armazón de madera para darles mayor consistencia para que los pájaros no pudiesen alejarse mucho del lugar donde habían sido atrapados. Los cepos reforzados o no, se camuflaban deshaciendo sobre ellos con las manos los cagajones de los caballos y burros, que por aquel entonces abundaban mucho por todas las calles del pueblo.

Con los tiradores nunca vi a nadie que consiguiese dar a un pájaro, pero al menos los asustábamos. Ahora en el pueblo los árboles están repletos, fundamentalmente, de gorriones, que sobre todo al anochecer arman una auténtica algarabía. En nuestra época no les hubiésemos dejado que armasen tanto alboroto, hubiéramos mandado a todos las aves con la música a otra parte. Definitivamente, los pájaros de ahora son todos unos descarados. Claro, que esto es así porque se lo consentimos, si nos dejasen tener a Crispín y a mi un tirador, sólo para asustarlos, otro gallo cantaría, porque a los gallos, aunque sean aves si que los respetaríamos, ya que su canto forma parte de uno de los bellos atractivos de que gozan las mágicas noches del verano monroyego.

Ah, amigo Crispín, cuando voy al pueblo me preguntas si he visto que en Internet hablan de ti, de mí, de Eustasio y yo te pregunto que quién es el que escribe todo eso, me contestas que tú no lo has visto que te lo ha contado alguien y que es uno que firma con un apodo, yo me río para mis adentros y pienso que si de verdad no sabes que ese que firma con el alias Piezarza soy yo, no te lo voy a desvelar, pues de este modo pienso que contribuyo un poco más a la magia que se consigue, a veces, a través de Internet. Fíjate que he dicho alias (apodo, mote) no Alías que es tu segundo apellido y que tú con buen criterio crees que deriva de Alía, el pueblo que está próximo a Guadalupe, pero que yo, para hacerte rabiar, te digo que el pueblo es Alía sin ese y que también podría derivar de alias, claro que tú me dices que tu apellido lleva acento en la i.

Por cierto, el día de Santa Ana hubiera cumplido Eustasio sesenta años, e Isarique los mismos el día de Santiago, aunque igual es al revés, no estoy seguro.

Precisamente Eustasio, tú y yo, nos escapábamos con frecuencia y nos íbamos, unas veces, al Cabril en busca de nidos, otras, donde las pedreras a jugar con la grea y hacer muñecos de barro que secábamos al sol. En primavera, jugábamos con las espadas y flechas hechas con ramas de las higueras y escudos de cartón. En invierno, nos entreteníamos engañando a los charcos con los zancos que unas veces eran de leño y otras los hacíamos con botes de leche condensada y una cuerda.

Jugábamos a las chapas en los bordillos de las pocas aceras que había, a veces las chapas las aplastábamos y hacíamos platillos, simulando que eran monedas de curso legal con las que jugábamos contra la pared, como los mayores lo hacían con las perras chicas y las perras gordas, juego este que consistía en tirar la moneda contra la pared y luego tiraba otro y si quedaba a menos de una cuarta se quedaba con la dos monedas.

Nuestras escapadas al Cabril tenían consecuencias, al menos para mí, cuando alguien le decía a mi madre que nos había visto por allí, inmediatamente me castigaba a no salir el domingo siguiente, solamente me dejaba salir para ir a misa de ocho, siempre que mi madre nos castigaba nos hacía ir a la primera de la mañana. De modo que cuando íbamos a misa de ocho todo el pueblo se enteraba de que estábamos castigados, ésto me sentaba todavía peor que el castigo, la pregunta obligada que te hacían era ¿Andresin por qué te ha castigado esta vez? No bastaba con estar castigado, encima, se tenía que enterar todo el pueblo.

Mi madre me tenía rigurosamente prohibido ir al Cabril, pues era muy miedosa y le tenía pánico a que me pudiese caer por el acantilado denominado la Cisterna, eso y los riberos del Almonte en la carretera de Cáceres la traían a mal traer, para ella ir en coche por los riberos era una verdadera pesadilla.

Mi madre tenía una frase para justificar el castigo por ir al Cabril, decía: Para que llore yo lloras tú. Tenía también otra frase proverbial, cuando uno de nosotros estaba lloriqueando sin saber muy bien el porqué, te daba un cachete y decía: ¡Toma, para que llores por algo!

Ahora la que mejor define el talante de mi madre es una frase que ella decía cuando alguien se enzarzaba en disputas y rencillas sin sentido: Quien tenga educación que la ponga.

lunes, 27 de julio de 2009

LA CAÍDA DEL CARRO


A finales de los cincuenta y principio de los sesenta del siglo pasado, había pocos coches en el pueblo, podría hacerse un inventario con los dedos de una mano y sobrarían dedos, el primer coche que yo recuerdo era uno amarillo de los Blancos y que mi madre alquiló para ir con todos nosotros a la Virgen de la Montaña, parece ser que en cumplimiento de una promesa. Creo que era el único coche que había y era el taxi del pueblo. Fulgencio Blanco padre, a la cabeza, y sus tres hijos: Manolo, Andrés y Fulgencio eran los titulares de la linea regular de autobuses Monroy-Cáceres, recuerdo a la mítica camioneta "La Cirila" que, más de una vez, cuando llegaba a Monroy, más de uno intentábamos subirnos a las escalerillas que daban acceso a la baca repleta de maletas.

Después vino el coche de los Reales, uno negro con el que muchos domingos por la tarde iba acompañando a mi primo Vidal al Baldío de Ordóñez, lo conducía su tío Luis, llevando siempre de copiloto a mi tío Vidal. En invierno había que pasar un charco, seguramente sería un regato, pero a mí me parecía un arroyo y siempre me ponía nervioso pensando que el coche no pasaría y se quedaría en mitad del charco.

Anteriormente hubo otro de triste recuerdo, fue el de Sebastián García, a la sazón dueño consorte de la fábrica de harina, que alcanzó ésta su mayor apogeo gracias a la dirección de Sebastián. El coche con el que perdió la vida al volcar en el cruce de la carretera de Cáceres con la de Monroy, se decía que tenia muchos caballos. Mi madre contaba que esa tarde pocos minutos antes de accidente, al pasar a la altura de casa, él la saludó con la mano. Tenía entonces seis años pero esa tarde la recuerdo como una tarde trágica de un trágico domingo, hay que tener en cuenta que mi madre y su viuda Matilde, eran amigas inseparables desde la niñez y todos nosotros éramos amigos, respectivamente, de cada uno de sus hijos.

Luego vino el SEAT 1500 de los Blancos que sustituyó al amarillo, y que el día que lo compraron recuerdo a Fulgencio hijo enseñándoselo a su hermana Felipa y haciendo especial hincapié que tenia calefacción.

Reyes Blanco (q.e.p.d) primo de los otros Blancos, los titulares de la linea regular Monroy- Cáceres, se compró un coche para servicio público de segunda mano, creo que era un SEAT 1400, se pasaba todo el día arreglándolo enfrente de la casa de Tere su mujer, donde se fue a vivir cuando se casó con ella, la casa estaba por debajo de la Palma. Alrededor de su coche, practicando el deporte nacional por excelencia, que es el de ver trabajar a los demás, se creaba una tertulia muy animada en la que participaba siempre el Palmero, recuerdo la gran preocupación que había cuando la crisis de los mísiles en Cuba y el ultimátum que lanzó Kennedy a los rusos, las noticias que se manejaban en la tertulia no eran nada halagüeñas se temía por una guerra mundial de consecuencias muy trágicas pues Kennedy amenazó, o al menos yo lo entendí así, con lanzar la bomba atómica. Esto sucedía en octubre de 1962.

A mí que siempre me ha gustado mucho escuchar las conversaciones de los mayores aprovechaba la menor ocasión para acercarme y, aunque, nuestras familias estaban enfrentadas por aquello del baile y la competencia, a mí me podía más la curiosidad y pensaba para mis adentros que de todas formas en las rencillas de nuestras familias no teníamos culpa ni Reyes ni yo, afortunadamente el tiempo que todo lo cura y hace ver la cosa con otra perspectiva me ha reafirmado en esa primera impresión, la culpa de los padres no tienen por qué heredarlas los hijos.

Verbi gratia, esto también es aplicable al pecado original y a cualquier pecado que hayan cometido, tanto nuestros primeros, como nuestros últimos padres. Claro, que esto es también válido para las virtudes, los méritos de nuestros padres y antepasados no son los nuestros, cada uno tiene que ganarse los suyos, no se puede vivir de lo que hayan hecho nuestros ascendientes, uno, legítimamente debe sentirse orgulloso de su estirpe, pero eso es una cosa y otra muy distinta es pensar que uno tiene más mérito que otro por su ascendencia, el verdadero aristócrata es aquel que tiene en consideración y estima a todos los demás seres humano, y este rango, como el de la autoridad no se obtiene por herencia o imposición, sino que se lo tiene que ganar cada uno por su prestigio, calidad competencia, credibilidad y saber hacer.

Camiones, recuerdo que había uno, el que conducía Amable, que una vez nos llevó a recoger arena a un montón de chavales al arroyo de Talaván. Motos tampoco había muchas, la Guzzi de Juan Andrés, la Vespa de Fulgencio Blanco júnior y la Lambretta de Daniel Sierra.

Me viene a la memoria una camioneta que El Choto se compró y que debió ser de la guerra, sonaba como una carraca. Era idéntica a una que se compró mi padre nada más acabar la guerra y que en lugar de aprender a conducir, no se le ocurrió otra cosa que asociarse con su hermano Vidal, este tampoco aprendió a conducir, sino que contrataron un chofer, claro que el negocio no daba para tanto y tuvieron que malvender la camioneta.

Luego estaba la furgoneta de mis primos Justo y Jesús, y que alguna vez me dejaron ir con ellos en su DKV, a llevar gaseosa y cervezas a Santiago y a Hinojal. Un día dieron por la radio la noticia de que los dos hermanos de Monroy habían tenido un accidente con ella, afortunadamente no fue nada de importancia todo se quedó en un susto no hubo que lamentar desgracias personales solo un poco de chapa.

Estos, creo que eran todos los vehículos de tracción mecánica que había por entonces en el pueblo, había también tractores el de Juan Vicente Rosado y el de Castañita, estos también tenían máquinas cosechadoras, primero estuvo en solitario la de Juan Vicente y luego la de Castañita, aunque creo que la de éste era además segadora.

Sí había bastantes caballos, burros, carros de mulos y carretas de bueyes. El amigo Cipri me recuerda con frecuencia cuando yendo con él y su padre Rufino en su carro, por mi natural inquieto, me caí de cabeza y a punto estuvo la rueda de aprisionármela, gracias a que su padre pudo parar el carro en el último momento, mi cabeza quedo indemne y todo se quedó en un susto. Las ruedas que llevaban entonces los carros eran de madera recubierta su circunferencia con hierro.

Íbamos a por agua a la fuente, en burros, algunos a caballo, con las aguaderas de esparto y con la caldereta, rivalizamos entre nosotros a ver quien conseguía llenar antes los cuatro cántaros, desarrollamos tal habilidad en el manejo de la caldereta que conseguíamos de un solo impulso subir la cadereta llena de agua. En verano era muy divertido ir a por agua, no lo era tanto en invierno cuando el viento desparramaba el agua y nos empapaba la ropa y eran inevitables los persistentes sabañones. Las mujeres, siempre tan abnegadas, iban a por agua andando y muchas llevaban un cántaro sobre la cabeza y otro sobre la cadera.

Como nosotros teníamos bar y baile en las fiestas había que hacer gran acopio de agua, el encargado de esta tarea era yo, así que había días, sobre todo en las vísperas, que iban hasta cinco veces a por agua. Aunque nunca llegué a hacer tantos viajes como el amigo Ángel Lobato (q.e.p.d) que estaba empleado en casa de Juan Andrés el de la Guzzi y se pasaba todo el santo día trayendo cargas de agua desde una fuente propiedad de sus padres Emilio y Emilita hasta su casa de la plaza (a su padre apodado “Cartilla” le vimos inmediatamente después de poner fin a sus días colgado de un árbol varios niños del pueblo) La fuente que estaba en una cerca, la recuerdo muy parecida a la que está pintada en un cuadro de Antonio López Torres, tenía una mesa y las sillas de mampostería alrededor, esta fuente con la mesa y las sillas siempre se me ha antojado como el paradigma de la vida romántica, hasta me la imagino visitada al atardecer por esas mujeres y sus sombrillas magistralmente retratadas por Sorolla el pintor de la luz por antonomasia, aunque, algunos lo descalifiquen llamándole el pintor de la pincelada vil, a mi, sin embargo me encanta este pintor.

Al pobre de Juan Andrés nunca le conocí oficio ni beneficio, siempre iba montado en su Guzzi roja y el cigarrillo en los labios, su padre era el prototipo de señorito extremeño sin nada de que ocuparse y su hijo, Juan Andrés sin llegar a tanto, pues era más simpático acabó sus días recluido en su casa sin apenas salir, triste forma de vida la del padre y la del hijo, hoy me pregunto para qué querrían tantas cargas de agua, si sólo eran tres de familia.

Hace ya bastantes años cuando uno viajaba en el metro, escuchó una conversación entre dos señoras mayores que trabajaban de asistentas en las casas de La Castellana, le decía una a la otra: Son unas guarras, se refería a las señoras de la casa, mira si serán guarras que se tienen que duchar todos los días. Estas señoras asistentas debían ser de la escuela de mi mujer que me repite muchas veces, sobre todo, cuando cocino y mancho mucho, aunque luego lo limpie: No es más limpio quien mucho limpia, sino quien poco mancha.

viernes, 19 de junio de 2009

LA MAGIA DE INTERNET









Hace pocos días recibía un correo de Luis Melguizo, alguien le había dicho, que en la entrada de este blog titulada LOS DEL BABATEL se le mencionaba.

Pues bien, hoy Luis me ha enviado estas cuatro fotos:

En la foto del convite en la que están Emilio (médico natural de Garrovillas) María Luisa su mujer, la madre y el padre de Luis, en el fondo, en el centro de la fotografía, con el pelo blanco está mi padre y creo que de espaldas, mi madre. Es más, me atrevería a decir que los niños, el que está de espaldas es mi primo Vidal y creo que yo soy el que está a su izquierda, debió ser la boda de mi prima Mena con Cipri Rosado (q.e.p.d) que se celebró en el Casino y el catering lo sirvió el Hotel Jámec de Cáceres. Recuerdo que ese día hacía mucho calor y el abuelo de Juan Vicente Rosado, Bernabé, (en la foto con el pelo blanco a la derecha) se quejaba de que hasta el hielo estaba caliente.

La foto de los cinco niños está hecha en la plaza, de izquierda a derecha están: Luis Melguizo, Juan Vicente Rosado, Julián Melguizo, los otros dos niños no los identifico.

La foto de la moto el padre de Luis es el que está a la izquierda, los otros dos señores no los conozco, parece ser que está hecha en Talaván

La foto del niño y la niña, creo que son los hermanos de Luis: Julián Y Pilarín