martes, 24 de julio de 2012

RESILIENCIA


Estado de la habitación numero 1035 del Hospital 12 de 0ctubre de Madrid.


Siempre que en Monroy compraba agua mineral Soláns de Cabra,  Pablo Benito solícito me preguntaba: ¿Andrés es que padeces de riñón? Yo, invariablemente, le contestaba muy ufano:  ¿Yo?, que va.  Del riñón estoy muy bien. Eso es lo que yo creía, pero la realidad era muy otra, el pasado día 7 de mayo me diagnosticaron,  así de sopetón,  Insuficiencia renal aguda, bueno esto en el Centro de Salud que está al lado de mi casa, en la calle Toledo, en el Doce de Octubre, donde ingresé ese mismo día, menos eufemísticos ellos, lo llamaron: Fracaso renal agudo y hemoptisis.


 Y de pronto uno se ve dentro de un hospital, eso si en el mejor hospital para tratar enfermedades del riñón que hay es España, que es lo mismo que decir que hay  en el mundo, pues no es casualidad que España esté a la  cabeza de trasplantes en el mundo y  que el Doce de Octubre sea el primero de España en esos menesteres. Bien mirado, uno sabe elegir sus enfermedades, si tengo que caer enfermo pues lo hace en la especialidad de su vecino y amigo el Coordinador de trasplantes del Doce de Octubre el Dr.  Amado Andrés.

A mi, por domicilio, el Hospital que me corresponde es La Clínica Jiménez Díaz, conocida popularmente por La Concepción, pero al tener como vecino a Amado, nada más tener el diagnostico del Centro de Salud, mi mujer no lo dudó un momento y en el ascensor dio al quinto en el lugar de al tercero. Por cierto que  el diagnóstico fue realizado en dos días: el jueves cita con el médico de familia Dr. José Nemesio  Villarroel, viernes a las ocho y media análisis (cinco minutos de espera) y a las  16:30 salí con las placas del tórax hechas, estaba citado a las 16:35. Lunes 7: diagnóstico, previas llamada del Dr. Villarroel, (dos perdidas al móvil  y una al fijo) para citarme esa misma tarde a las 19:30 horas. La Seguridad Social constata uno,  funciona muy bien. Por favor  señores gobernantes, por favor Señora Aguirre déjenosla como está, por favor, no nos la desmantele.

Por la cara que puso Amado nada más ver los análisis supe que lo mío  era serio, sin peder un minuto, Amado llamó a su compañero Dr. Enrique Morales que estaba de guardia,  él mismo me llevó en su coche. A las nueve estaba ingresado, a las nueve y media me habían hecho una ecografía y placas del tórax. A las ocho de la mañana del día siguiente ya me habían realizado  una biopsia en el riñón izquierdo. A las cinco de la tarde tenía el diagnóstico principal: Glomerulonefritis extracapilar tipo III. Otros diagnósticos: Vasculitis de pequeño vaso (probable granulomátosis con poliangeitis/enfermedad de Wegener) con afectación renal y pulmonar. Neumopatía pulmonar intersticial bilateral. Anemia ferropénica.

En definitiva una enfermedad autoinmune donde son mis propios anticuerpos los que me atacan, no puedo echar las culpas a nadie, la enfermedad me la provoco yo mismo. A todo esto, el Dr. Amado Andrés, nada más ver los análisis realizados en el Centro de Salud, y antes de realizarme  las pruebas, ya me había diagnosticado certeramente lo que tenía y el tratamiento está siguiendo el mismo curso de como él me lo planteó,  los hechos punto por punto le están dando la razón. Él se quita méritos y dice que es su especialidad, pero lo cierto es que en otros diagnósticos y  en otras enfermedades también acierta, es un gran profesional y uno tiene la suerte de tenerlo por amigo además de cómo vecino. 

El tratamiento consiste en siete sesiones de plasmaféresis, esteroides inicialmente  3 g vía intravenosa y a continuación Prednisona vía oral, empecé con 80 mg. y ahora estoy en 20 mg. Y seis sesiones de Ciclofosfamida intravenosa mensual durante seis meses (Quimioterapia). Llevo cuatro sesiones aunque las dos últimas las programaron  a veinte días en lugar de un mes, la próxima,  el día 31 de julio, será la quinta. Me complementan el tratamiento con Calcio y hierro diariamente y con EPO, una  dosis cada diez días, hasta completar seis.

La plasmaféresis consiste en cambiar el plasma donde están los anticuerpos agresores por plasma  de donantes del mismo grupo. Me cambiaban casi cuatro litros por sesión. Para ello te enchufan a una máquina,  previamente te han introducido un catéter en la vena femoral con un tubo de  entrada y uno de salida que se conectan a la máquina y ésta va extrayendo la sangre y  separando mi plasma malo e introduciendo el plasma bueno, así más o menos durante cuatro horas. Las cinco primeras sesiones  me cambiaron plasma,   las dos ultimas sólo me cambiaron la albúmina. 

La experiencia en el  hospital  con mi autoinmune enfermedad ha sido para mi positiva. Hay una palabra, que desde que la escuché la primera ve me interesó vivamente, es la palabra resiliencia, se suele usar en términos psicológicos y significa que antes hechos muy desagradables como pueden ser  la pérdida de seres queridos en catástrofes o desgarraduras importantes que se producen en el ser humano por enfermedades o otras contrariedades importantes, éste lucha por superarlas y en esa lucha sale fortalecido pues  valora otros aspectos de la vida que no había tenido en cuenta y que sin duda son los importantes.

A pesar de la enfermedad y por gracia de la Prednisona (corticosteroide) me sentía eufórico y muy hablador, además de madrugador, siempre digo que el plasma que me han puesto debe ser de un madrugador pues he cambiado radicalmente mis costumbres en cuanto al sueño, he pasado de ser un trasnochador a levantarme antes de las seis de la mañana y esto me gusta. 

La atención del todo el personal en el Doce de Octubre ha sido excepcional, todo el personal sanitario sin excepción,  desde auxiliares, enfermeras y médicos se han portado maravillosamente conmigo. Es ésta una profesión en la que se nota lo vocacional y la gran mayoría del personal  del Doce de Octubre muestra esta predisposición. 

Otro asunto sería el de las instalaciones, ya que estas dejan mucho que desear, no es de recibo que la planta 10ª donde he estado ingresado tenga el nivel de desidia y deterioro que tiene. Señores gerentes del Hospital Doce de Octubre a mi se me caería la cara de vergüenza si fuese el responsable, y no me digan que no tiene presupuesto, que para dar una mano de pintura no hace falta tanto dinero, es más las empresa de mantenimiento podría hacerlo por el mismo precio que se les paga.

Y el tema de los ascensores roza ya en el esperpento, siempre están colapsados, vamos a ver señores gerentes, el edificio del DOCE es un edificio exento, se podrían poner veinte ascensores nuevos sin ningún problema y con ello se eliminaría el gran problema de logística que tiene actualmente el hospital. El dinero para los ascensores saldría de suprimir más de la mitad de los puestos de celadores del hospital, hay mas celadores que médicos.

El tiempo para hacerme un TAC del tórax duró mas o menos cinco minutos, pues bien desde que salí de mi habitación de la planta 10 hasta que regresé habían pasado hora y media, todo este tiempo fue empleado en el transporte. Me llevaron en cama,  iban parando cada dos por tres, te dejaban en medio de los pasillos, la gente casi no podía pasar, las señoras mayores pasaban a tu lado y apenas miraban, estando en esto se me ocurrió que cuando pasase la próxima señora junto a mi me incorporaría de repente  y le pegaría un susto, no lo hice, pero no fue por falta de ganas. 

Cuando me fue a buscar la celadora le preguntaron que cuando tardaría en hacerme el TAC,  una de las hermanas de mi compañero de habitación respondió por ella, diciendo que un TAC duraba diez minutos, la celadora muy ofendida dijo que la gente estaba muy equivocada con la duración de un TAC ya que si tenían que hacerlo con contraste, se tardaba por cada riñón media hora y otra media hora de preparativos, total hora y media. Conclusión:  las visitas de mi compañero fueron a buscar a mi mujer que había bajado a comer y le dijeron que me habían llevado a hacer un TAC con contraste de los riñones.

A los pies de la cama llevaba todo mi historial, como uno es de natural inquieto me puse a ojearlo y allí me enteré de que el joven médico que me atendió el Dr. Miguel Ángel Sevillano al ingresar puso que yo era un persona joven, subidón de moral, que se me pasó enseguida, al leer a continuación en el informe de la biopsia que el patólogo  consideraba mi edad en setenta años, ocho años más de los que tengo.

 A la vuelta las mismas peripecias paradas en los pasillos y a esperar tu turno para subir al ascensor, yo veía que los que iban en silla de ruedas y que habían llegado después que yo los subían antes que a mí,   llegó un ascensor y subieron a tres de sillas de rueda, llegó otro ascensor y lo mismo, al tercero dije que ya me tocaba a mi, la celadora puso mala cara pero accedió a mi petición.

La primera vez que bajé a la sesión de plasmaféresis me bajaron en silla de ruedas, podía haber bajado perfectamente por mi pie pero el protocolo no lo consentía, al quinto día vienen a buscarme por la mañana, las sesiones anteriores las había tenido por la tarde, y me dice el celador  que tiene que bajarme en la cama, yo muy digno digo que siempre me ha bajado en silla de ruedas y que voy en silla de ruedas, cuando llego, las enfermeras de plasmaféresis se enfadan porque no he ido en la cama, les digo que es que yo siempre he bajado en silla de ruedas y ellas me explican muy amablemente que la máquina que van a utilizar es distinta a la de días anteriores, que esta es de una sola vía y es más cómodo para el paciente que esté en la cama y para ellas ya que de esta forma pueden controlar mejor las posiciones para que la máquina funcione correctamente. 

Pues bien al día siguiente que ya estaba de acuerdo en que tenía que bajar en cama, cuando aparece el celador la enfermera da la orden que se me baje en silla de ruedas. No, yo voy en cama. La enfermera: Pero si tú has ido siempre en silla de ruedas- Ya pero es que ahora conviene que vaya en cama. Con esto quiero decir que las prescripciones y las comunicaciones debe ser claras, concisas, precisas y explicadas, que las apariencias engañan, yo podía haber ido a todos los sitios, no ya sin cama, sino sin silla de ruedas, pero a veces es conveniente no en función de uno sino de los demás hacerlo de otra manera.

En una de las vueltas de la sesión de  plasmaféresis el celador decidió que el camino más rápido era ir en los ascensores para el público, el ascensor iba lleno, el celador  echaba a la gente hacia  dentro  empujando con la silla, una señora mayor  se puso nerviosa y dijo que tenía que bajarse en la segunda y que no se apartaba, yo le dije que no se preocupara que cuando llegásemos a la segunda planta el celador retiraría mi silla y  la dejaría salir. El celador dijo que los enfermos teníamos prioridad y  que yo estaba muy débil porque  me acababan de cambiar un montón de  litros de sangre,  de pronto todo el mundo que iba en el ascensor se solidarizó conmigo y casi linchan a la pobre señora. Al final la señora salió  pidiendo perdón.  Una gitana me decía todo el rato: Hay que ver no parece que esté usted enfermo tiene usted un aspecto muy bueno, es verdad afirmaban todos los que iban en el ascensor. Y es que uno estaría enfermo pero en lo tocante a la ropa procuraba ponerme elegante, de hecho el pijama que llevaba era de Calvin Klein  me lo compró Maribel, para esta ocasión, normalmente no suelo llevar pijamas, pero una cosa es estar enfermo y otra tener que llevar el pijama que te dan en la Seguridad Social. 

He dicho antes que en cuanto a la atención por parte del todo el personal de 12 de Octubre de diez, ahora en cuanto a las instalaciones de la planta 10ª cero. El primer día que me ingresaron me llevaron a una habitación para mi solo,  pero allí no podía recibir visitas porque estaba en la unidad de recién transplantados,  así que el segundo día me llevaron a otra habitación compartida con otro enfermo, el cambio fue brutal, una habitación pequeña llena de gente todas hablando al mismo tiempo y lo peor de todo un desagradable olor a pies. Menos mal que el olor de pies no provenía del enfermo, sino de dos de sus visitas, al menos cuando estas no estaban no olía a pies.

Debido sobre todo al olor a pies me iban a cambiar de habitación, pero, le dije a Amado que si me daban de alta el jueves en vez del viernes no hacia falta que me cambiasen ya que solo estaría esa noche más. Pues así se previó me darían el alta un jueves por la tarde, un poco antes de la salida procederían a quitarme el catéter y me iría para casa. 

Cuando me pusieron el catéter en la vena femoral, a la altura de la ingle, vinieron a la habitación mi  doctora Ana Huerta, la anestesista, la ayudante de la anestesista, una MIR, un MIR y una enfermera, a cual más guapa por cierto, no tuve menos que evocar  a Don Quijote y decir aquello: Nunca hubo caballero de damas tan bien servido.  Y es que en verdad tenían todas unos ojos preciosos, el chico tampoco estaba mal pero eso a mi no me competía y así se lo hice saber.

Para quitarle solemnidad al asunto y quitarme yo también de paso un poco el miedo, el vecino de mi habitación me había dicho  que eso dolía bastante, me puse a evocar a Serrat y dije aquello de que al techo de la habitación no le iría nada mal una mano de pintura. Y por supuesto les dije que daba gusto verse atendido por unas chicas que tenían los ojos tan bonitos.  Lo cierto es que se creó un clima muy agradable y apenas me dolió la conexión del catéter a mi vena femoral. 

Nadie daba importancia el hecho de quitar el catéter, yo tampoco se lo dí y menos cuando solo vino una enfermera a quitármelo,  me dijo textualmente: Aprietas con el dedo. Si te sangra un poco, aprietas más fuerte y así estás durante veinte minutos. Juro que fue lo que hice.

Me puse todo elegante para salir, mi hijo Gonzalo se fue a buscar el coche al parking para que cuando saliese estar en la puerta esperándome. Ya me disponía a salir de la habitación para que me quitasen la vía del brazo, cuando de pronto estando en el aseo dándome los últimos retoques, sentí un calor intenso en el muslo e inmediatamente salió un chorro de sangre propulsada por el orificio donde había estado el catéter. Todo sucedió en  segundos, mi mujer salió a pedir auxilio y en ese momento pasaba por la puerta la enfermera que me lo había quitado. Enseguida se llenó la habitación de médicos y enfermeras con el consiguiente revuelo en la planta 10ª, ya que las visitas mías y las de mi vecino de  habitación se encontraban dentro y habían visto el reguero de sangre.

El pantalón que acababa de estrenar, los calzoncillos,  las sabanas, el colchón,  el suelo todo estaba empapado de sangre, y resultaba muy escandaloso. Bromeé con los médicos y enfermeras que me atendían, alguien preguntó qué hacía con los calzoncillos que estaban completamente empapados de sangre y le dije que no se preocupase que los tirase. Es que una lástima, respondió, son de Emilio Tucci. No te preocupes si los he comprado con el 70% de descuento, y era verdad. El pantalón lo había comprado también con el 70%,  pero este después de varios lavados ha quedado sin manchas.

Yo pretendía relajar el ambiente y les dije que no iba a presumir yo nada de la cornada que había tenido en la femoral, pues la cicatriz ya la tenia de cuando me rompí la cadera y aunque era en la otra pierna, yo contaría que me había cogido un toro y que las enfermeras que me atendían no me habían hecho ni puñetero caso, que casi me desangré, cosa que era todo lo contrario de lo que me estaba sucediendo, pues las enfermeras y los médicos, en especial el Dr. Eduardo Gutiérrez y la Doctora Ana Huerta, se desvivían por atenderme.

La verdad es que me atendieron muy bien, enseguida limpiaron toda la sangre, me pusieron sabanas limpias y me plastificaron el muslo como si fuese un jamón de pata negra, me transfundieron sangre y vitamina K y me dijeron que reposase unas dos horas y,  que si todo iba bien saldría esa misma tarde.

A las dos horas empecé otra vez con el protocolo para salir, me puse a pasear por los pasillos y cuando vi que todo iba bien, me dispuse a vestirme para salir. A todo esto yo estaba nervioso por mi hijo Gonzalo que había quedado con mi hijo  Javier, con Ana mi nuera y  mi nieto Mario, que venían directamente de París para ir a un concierto de Rosendo en un teatro de la Gran Vía y  que si se retrasaba la salida, él se quedaría sin ver el concierto. Me quedaba más tranquilo si se iba al concierto y le dije que se fuese con el coche, que su madre y yo nos iríamos en un taxi. Pero resulta que la ropa que tenia se la llevó en el coche y no tenia otra para ponerme, bueno, saldría del Hospital en pijama, al fin y al cabo el pijama era del Calvin Klein.




Pero cuando iba a proceder a vestirme, antes me habían quitado la vía del brazo, observé que el orificio de catéter estaba sangrando de nuevo, ya si que no podría salir esa tarde del jueves, día diecisiete de mayo. Resultado inmovilización total durante doce horas y a esperar que se taponase el dichosa agujerito del catéter.

Esa noche era la una  y en mi habitación se encontraban, mi mujer, la mujer del compañero de habitación, su hermana y un hermano que no se hablaban con su mujer.  La mujer había ocupado el sillón que estaba a la cabecera de mi cama  y su hermana el otro sillón que estaba a los pies, y mientras tanto, mi mujer se encontraba de pie trabajando con el ordenador. Yo me estaba empezando a violentar viendo que pasaba el tiempo y que ninguna de las dos se levantaba y cedía el sillón a mi mujer. Hubo un momento que salieron las dos hermanos y entonces Maribel aprovechó para sentarse en el sillón que estaba en mi cabecera.

Volvieron los dos hermanos y sobre todo el varón, que tenia una voz de barítono no paraba de hablar, yo intentaba hacerme el dormido para hacerles ver que estaban molestando, pero ni a la de tres se daban por enterado. Cometí el error, ante una pregunta que hizo, de responderle. Se puso a los pies de mi cama y la movía con sus potentes manos, el tío estaba cuadrado, mientras me decía: Señor Andrés con lo bien que estaba usted esta mañana, y ahora está usted aquí sin poderse levantar, y así una y otra vez. Yo estaba desesperado porque a todo esto, cada vez que terminaba una frase le salía un ronquido muy desagradable.

A todo esto había que añadir el insoportable olor a pies de la mujer de mi compañero. Por fin entró una enfermera hacia las dos y les dijo que a esas horas no podía haber tanta gente en la habitación, aún así no se sentían  aludidos y ninguno de los tres hacia intención de marcharse, cuando vieron que yo ponía mala cara al fin se marchó el hermano, la hermana ocupó el sillón que estaba a los pies y la mujer se sentó en un reposa pies al otro lado de la cama de su marido, al menos el mal olor se había retirado un poco, aunque no demasiado. 

Con todo mi paso por el hospital ha resultado muy positivo, uno se ha sentido querido y muy bien tratado por médicos y enfermeras, se nota que estas profesiones son vocacionales y  se les ve a todos ellos una predisposición especial en el trato con los pacientes. Me he sentido muy querido por mi familia y amigos, aunque los corticosteroides,  a veces, me hacían decir cosas desagradables a la gente querida. 

Uno se ha sentido en solidaridad con los pacientes del planta 10ª, sobre todo y a pesar de todo con mi vecino de habitación Juan Carlos, que ha rechazado el trasplante de riñón que le hicieron hace cinco años y tenía dolencias que no sabían muy bien a que se debían. Con Carlos que estaba en la habitación de enfrente y es amigo de Antonio Sanz ex de Marca, que no solo estaba esperando un trasplante de riñón, sino también de hígado y siempre estaba de buen humor y bromeaba sobre cual trasplante sería el primero, yo le decía que no tuviese miramientos que el primero que llegase. De Jaime, un joven sevillano fuerte y apuesto que fue trasplantado la semana siguiente de abandonar yo el hospital. 

Hubo un momento mágico, estando Carlos, Jaime y yo el en hall de la planta 10ª, mientras nos limpiaban las habitaciones, tenía el libro de poesías, Segunda Oscuridad, de Andrés Trapiello, que me acababa de regalar mi hijo Gonzalo. Precioso título lo de Segunda Oscuridad, referido a que en los sitios que no se conocen la noche tiene una doble oscuridad.

Cada vez siento más afinidad entre lo que escribe Andrés Trapiello y lo que siento. No había leído nada de su poesía, las circunstancias han querido que llegasen al mismo tiempo dos de sus libros de poesía: El Volador de Cometas y Segunda oscuridad. Este último es un prodigio de sensibilidad, aunque destacaría, junto con la de Niños en la calleja, la de las Tres gracias, Lilas fuera del tiempo, Gorriones del rastro.  Y la de Mota de polvo, si hasta parece que el último verso, "Andrés escribe: Andrés, mota de polvo" lo hubiera escrito yo, más que nada porque me llamo Andrés, ya quisiera uno escribir como lo hace Trapiello. Aunque me conformo con tener el inmenso privilegio de sentir su poesía.
Gracias, muchísimas gracias Andrés Trapiello por sentir tan bien, él repite siempre el dicho de Cervantes: Quien sabe sentir sabe decir.
 

Pues bien, al tener el libro en las manos no pude por menos que leerles en voz alta la última poesía del libro: Niños en la calleja.  "¿Verdad que este camino no da miedo? Y por un momento nos creímos que el camino que nos esperaba, a pesar de nuestra  enfermedad, no daba miedo y así nos lo hicimos saber los tres, por un momento no  sentimos miedo sino una inmensa paz interior. 



Andrés Gómez Ciriaco.  


NIÑOS EN LA CALLEJA
Los oímos llegar por la calleja,
pequeños, tres o cuatro,
igual que los corderos rezagados
cuando entra la noche, entre dos luces.
La charla que traían, las esquilas,
eran del mismo cobre. Simulaban
acaso ser adultos por lo serios
que venían tratando sus ingenuos negocios.
Se creían a salvo estando solos,
se creían mejores caminando,
se creían felices en lo desconocido.
Al llegar al laurel que angosta y ensombrece
con sus verdes más negros los portillos
se percibió su duda. El más audaz,
de no más de diez años, sacó pecho
y fingiendo valor mandó seguir.
Podíamos oír su aliento incluso
desde el viejo jardín, y sin ser vistos
contuvimos nuestra respiración
como hubiéramos hecho ante lo esquivo
de un silvestre animal o tal revelación
oída por azar tras de una puerta.
Reemprendieron la marcha, y el más chico,
el recental, fingiendo indiferencia
como su capitán fingió valor, le dijo:
«¿Verdad que este camino no da miedo?».
Oímos que su charla se alejaba
todavía más íntima. El silencio volvió
a este oscuro rincón de Extremadura
y leyendo seguimos cada cual nuestro libro
o fingiendo nosotros que leíamos,
exhaustas ya las luces del crepúsculo.
A la primera estrella fugaz que vea esta noche
le pediré eso mismo: alguien que al lado,
cuando llegue el momento de partir,
me asegure fingiendo que el camino
no puede darme miedo, y yo lo crea.  

Última poesía del libro Segunda Oscuridad
De Andrés Trapiello

martes, 14 de febrero de 2012

YA NOS VA TOCANDO


Uno está dando vueltas a ver si de una vez por todas rompe la inercia y se decide a escribir algo nuevo en el este blog.

Ya había decidido empezar a contar las peripecias de mi vida  ocurridas fuera de Monroy, me asaltaba la duda de si  seguía contándolo en este blog, creaba uno nuevo con un título menos localista o aprovechaba, el también creado por mi, de Piezarza.

Ayer  me llegaron dos noticias que me han impactado muy de veras, me llamó mi mujer para decirme que mi hermana Mena estaba tratando de comunicar conmigo para darme la noticia del fallecimiento de mi primo Isaac.

Mi primo Isaac había ido en las fiestas de los toros el pasado septiembre, parece ser que su familia le había llevado a su pueblo a despedirse de él definitivamente.

Ese fin de semana estaba en Monroy y me enteré por mi primo Vidal que había  estado con él, pensé que nos veríamos, pero tuve que salir precipitadamente al comunicarme que mi hijo Carlos estaba ingresado en un hospital en Madrid, afortunadamente solo fue un susto, pero lo cierto es que no vi a mi primo Isaac y me quedé con cierto  reconcome.

Al mismo tiempo que me comunican la muerte de mi primo Isaac, me dicen que Crispín  había amanecido sin vida en su cama esa misma mañana.

De Crispín  si pude despedirme, concretamente el pasado sábado 4 de febrero, fui al Casino para ver el  partido del Madrid y resulta que Miguel Ángel, había decidido no comprar más los partidos de CanaL Plus.

A pesar de no dar el partido, me quedé amigablemente hablando con Julián Galea,  al poco tiempo llegó Crispín, y estuvimos los tres,  el tiempo que duró el partido, recordando  nuestra infancia de niños  de pueblo, niños humildes pero  libres y soñadores y en continuo contacto con la naturaleza, donde ésta ha tenido mucho que ver en nuestra forma de entender la vida.

Se despidió diciéndome: Andrés a ver si escribes lo de los papelinos de Don Juan Soria. Se refería Crispín a un episodio ya comentado  en este blog, pero que yo lo recordaba de otra manera,  él se echó toda la culpa y me exoneraba a mí, creo que muy bondadosamente.

Era cuando Don Juan Soria nos pilló con unos papelitos que intentábamos hacer llegar a las chicas y nos los pasábamos durante la clase unos a otros para ver lo que habíamos puesto cada uno, alguien los intercepto y se los dio a Don Juan.

Se armó la marimorena, teníamos sólo nueve años.

Y uno con su corazón de los lunes, al recibir la noticia de la muerte de dos seres muy cercanos en las vivencias de la  infancia, se queda más triste aún y piensa  que su generación está  ya en  puertas, por ley de vida,  de abandonar este mundo, aunque quizás este mejor dicho por ley de muerte.

Y recuerda en este día a su primo Isaac que tenía fama bruto,  pero que en el fondo era muy noble y cariñoso, recuerda cuando nos escapábamos en la hora de la siesta a bañarnos a la charca del Arcediano y  ejercía de primo mayor y me cuidaba y se preocupaba de que no me metiese en lo hondo.

Cuando uno se quedó admirado de la capacidad de su primo al beberse de un solo trago sin respirar  una botella de litro de La Casera.

Fue uno de los monroyegos que emigró a Alemania en los primeros años sesenta, con que ilusión  nos mostraba el magnetofón Grundig que se había comprado.

Se acuerda de su bondadosa madre, mi tía Juana, cuando iba con mi prima Mena todas las tardes a la era y me daba un suculento bocadillo de jamón.

Cuando con dieciocho años fui de vacaciones a Monroy a casa de mi tía María, tía Juana me  presentaba a las chicas del pueblo presumiendo de lo guapo que era su sobrino.

Cuando en las noches frías, como las de ahora,  íbamos todos los domingos de visita a su casa y de vuelta a la nuestra nos apretujábamos a mi madre como los pollitos para no sentir frío.

Y uno cree  haber averiguado el porqué nunca le dejaron ir al Lunes de Albillo con un caballo enjaezado, me cuenta Tomás Tobías que mi primo Isaac tuvo un accidente precisamente un Lunes Albillo con un caballo al que dejó malparado e inútil, hay que pensar la importante que era un caballo en esa época, y seguramente mi padre ante el temor de que me sucediera lo  mismo que a su sobrino, nunca permitió que fuese con un caballo enjaezado con una amazona al lado.

Uno se alegra de haber escrito la entrada  La escopeta de Crispín, sobre todo al enterarse de la ilusión que le hizo al amigo desaparecido cuando se  publicó.

Dicen que uno no muere del todo mientras le recuerden sus allegados, por ello quiero que estas entradas sirvan como homenaje y recuerdo a los  desaparecidos Isaac y Crispín, este modesto blog quiero contribuir a que permanezcáis  vivo en la memoria de los monroyegos.

Descansa en paz querido primo Isaac, descansa en paz querido amigo Crispín, desde aquí  mi recuerdo agradecido y emocionado por haberos conocido, y transmitir  mi más sentido pésame para vuestras familias.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Creíamos que íbamos a poder cambiar el mundo

 Y ni siquiera somos  capaces de dar de baja a una línea de teléfono. 

Esta carta fue enviada el pasado día 13 de diciembre y aún no he recibido respuesta.

Madrid 13-diciembre-2011

MOVISTAR
Apartado 151124
28080 MADRID


Señores:

Procedan a dar de baja  línea del teléfono 682736613.

MOTIVO PRIMERO: Porque estaban cobrando 2 euros y han pasado a cobrar 5.

MOTIVO SEGUNDO: Porque el IPHONE hace ya las funciones del pincho.

MOTIVO TERCERO:  Porque me da la real gana.   
                           
Se adjunta fotocopia por ambas caras de mi DNI.

Y no me despido atentamente, porque ustedes han hecho todo lo posible para que me sienta indignado y esté considerando seriamente  darme de baja de todos los contratos  que tengo con MOVISTAR.

Es kafkiano, esperpéntico, indignante,  tercermundista, que no haya podido darme de baja en sus oficinas de la Gran Vía, fue allí donde lo contraté, la señorita repetía como un papagayo: “Llame al 1004, las bajas solo se tramitan por el 1004”. Pero es que tampoco por el 1004. Ni siquiera por Internet,  con DNI electrónico o con certificado digital. En el 1004 de los huevos te dicen que hay que mandar una carta con fotocopia de tu DNI, por el anverso y el reverso, meterla en un sobre, (la carta se entiende) poner un sello echarla en un buzón y esperar que ustedes decidan cuando la reciben y tengan a bien darme la  baja.

Andrés Gómez Ciriaco
(Usuario muy indignado con MOVISTAR)

miércoles, 19 de octubre de 2011

FELIZ CUMPLEAÑOS


Hoy es el cumpleaños de mi hermana Milagros, también es el 
cumpleaños de mi amigo Manolo Figueras, y el de la niña de 
mis ojos:  Irene Escolar Navarro, gran actriz, mejor persona.

Desde aquí quiero felicitarles y dedicarles esta poesía, que aunque 
la escribí en su día para Irene,  puede valer, en cuanto a los deseos, 
para los tres.

PALABRAS PARA  IRENE

Que a lo largo del camino
encuentres gente amable
que no te asuste el destino
que no te ofenda nadie.

Que tu corazón se emocione
con las cosas más sencillas
que seas tan humilde
que te ensalce la vida.

Que haya siempre un hombro
donde reclinar tu cabeza,
que no decaiga tu asombro
que se note tu nobleza. 

Que lo sencillo no es lo necio,
que una cosa es el valor
y otra cosa el precio
y lo de más valor: el amor.

Que no te falte nunca la razón,
que tus rosas no lleven espinas,
si acaso, sólo pequeños abrojos,
que siempre seas una niña,
la niña de nuestros ojos
y la de nuestro corazón.

 Andrés Gómez Ciriaco

miércoles, 21 de septiembre de 2011

MONROY UN PUEBLO CON SUERTE




Monroy debe ser un pueblo con suerte, pues uno conoce a bastante gente de Monroy a los que les ha tocado algún premio. El más importante fue en vísperas de los toros cuando hace años le tocaron  doscientos millones de pesetas a Joaquín (q.e.p.d), con el dinero de la lotería se compró la finca Piezarza, cuyo nombre motivó el apodo de mi padre y mi seudónimo.

También creo que fue en el mes de septiembre cuando tocó a varios vecinos de Monroy el primer premio en sorteo de la Once, con cantidades importantes para Miguel Ángel Camarero, Pablo Simón (q.e.p.d) y algunos más que ahora no recuerdo.

 A la hermana de Tomás Tobías, también le toco una importante cantidad en la Lotería primitiva,  creo que fueron cerca de noventa millones de pesetas.

A Domi, Mati y a mi hermana Mena en distintos sorteos de la Once les ha tocado también el primer premio, cinco millones de pesetas a cada uno. 

Y a mí, sin ir más lejos, me tocaron ochocientas mil pesetas en el tercer premio de la Lotería Nacional, la víspera de mi cumpleaños el día 7 de diciembre de 1979 y un Citroen AX en un sorteo de Hipercor.

Teniendo en cuenta el cálculo de probabilidades  de todos los sorteos,  se me antoja muy elevado las veces que hemos obtenido premios gente de Monroy.

Pues para mayor abundamiento sobre la suerte de los monroyegos, resulta que el pasado jueves, día 15,  a un hijo de José Canelo le han tocado  1.300.000 euros en el sorteo de la  Lotería  Primitiva. El boleto   fue sellado en el Estanco de Camino Llano de Cáceres, que regenta Paloma Mohedas Saavedra, que debe ser hija de Antonio, y por tanto sobrina de Juanita y Tere, y nieta de Felipa, familia  muy querida por la mía.  En la entrada Aspirante a Bachiller  hago mención a esta entrañable familia.

Entre las notas que tengo apuntadas y que me sirven de guión para escribir mis vivencias en Monroy,  aparece en primer lugar para ser desarrollada esta: “Torta de chicharrones. Los extremeños el culo del mundo, José Canelo

Y uno se alegra especialmente de estas coincidencias, por el Premio a un monroyego, porque sea un hijo de José Canelo, porque haya tenido lugar en una Administración de una familia muy querida y porque coincida en el tiempo que en mis notas para este blog mencione a su padre (q.e.p.d), el pequeño de los Canelos, familia también muy querida por todos nosotros los Pitachas.

José Canelo y su mujer cuando eran novios eran asiduos a nuestro baile y formaban parte de esas parejas simpáticas, que bailaban muy bien  y uno deseaba,  cuando fuese mayor y tuviese novia, poder bailar y ser tan simpáticos como ellos.

El hijo de José Canelo está casado con una hija del Chapi, al que le viene el mote por su padre tío Chapirango. Contaba el Chapi, un día en el Casino, que cuando eran jóvenes venían  a mudarse al pueblo cada quince días, solían venir andando desde las fincas de Las Lapas y Las Sauceras  distantes de Monroy más de quince kilómetros. Inmediatamente de haberse mudado, salían, también andando,  para ver a sus novias que estaban sirviendo en Cáceres. A veces resultaba que cuando llegaban al río Almonte, no podían pasarlo por la crecida de las aguas y tenían que seguir el curso del río hasta el Aguijón de  Pantoja, donde estaba el Puente de San Francisco.  Hacían más de treinta kilómetros andando hasta Cáceres, para estar un ratito con la novia, y seguramente, lo más que sacaban era algún beso robado.

Y lo de la anotación Torta de chicharrones. Los extremeños el culo del mundo, José Canelo” Obedece a que estando José Canelo haciendo trabajos de carpintería para convertir el salón de baile en una granja de gallinas, yo me atraqué de bollas de chicharrones y tuve un empacho que hizo que abominase de las bollas y de los chicharrones mucho tiempo. Y a pesar del empacho, uno recuerda cómo éste comentaba que estando en la mili supo que los extremeños estábamos considerados como los más atrasados de España y que, a su vez,  España era una de las naciones mas atrasadas de Europa. 

Este comentario me dolió mucho, pues pensaba que éramos el no va más, tanto los extremeños, como los españoles. Uno había leído en los libros de historia las hazañas de los conquistadores extremeños en América, y sobre todo de uno muy cercano, Francisco Pizarro, del que se  decía que había estado cuidando cerdos en los alrededores de Monroy y al que mi mente de niño lo situaba en la finca del Pizarro, donde mi tío Churro cosechaba.

También había leído en los libros de historia y en  la propaganda de la época, lo del orgullo de ser español, lo de “España una unidad de destino en lo universal”, lo del “Por el Imperio hacia Dios”, lo de “Una, grande y libre”, lo de “Que éramos los hijos del gran Pizarro los hijos éramos del gran Cortés y en  nuestro pecho noble y bizarro un almanaque que fuego es” Ah  no, perdón,  que era “un alma late que fuego es”.

Y resulta que todo eso no era más que retórica. No terminaba de asumirlo, pero empecé a darme cuenta de que algo de razón debía tener José Canelo, cuando veía que la gente de mí alrededor abandonaba el mar de encinas buscando otros mares  donde no naufragase su vivir.

En este sentido los nacidos en Monroy no habíamos tenido tanta suerte, pues más de la mitad nos vimos obligados a abandonarlo a nuestro pesar.

Aunque, quién sabe, a lo mejor ahora con la perspectiva que da el tiempo, esto también haya sido un factor de suerte, pues sin duda,  la gran mayoría, en alguna ocasión, hemos encontrado esos otros mares y nos ha quedado intacto el mar de encinas de nuestra infancia,  para volver cuando queramos, aunque sea en sueños.

martes, 28 de junio de 2011

Gente y veranos afables



Este fin de semana he podido gozar una vez más de las noches frescas del verano monroyego, tan frescas que yendo de Cáceres a Monroy con el coche descapotado sentimos frío mi mujer y yo.

Maribel ha podido hacer realidad su sueño de ir en un descapotable y que el viento del atardecer acariciase sus cabellos y, para que no se desmadrasen demasiado, ponerse un pañuelo al estilo de  las protagonistas de las románticas películas en blanco y negro.

He podido hacer una de las cosas que más me gustan cuando estoy en Monroy: dormir con la puerta abierta del balcón contemplando desde la cama las estrellas que brillan intensamente en el azul oscuro, casi negro, de la bóveda celeste de las noches monroyegas y, al mismo tiempo, recibir la brisa en la cara del aire impregnado por el aroma a pasto seco, y oír, de cuando en cuando, entre el silencio y más silencio, el canto de un gallo.

He corrido mi hora diaria en la piscina, ante la curiosidad de niños y mayores. Había un niño muy simpático que nada más verme me dijo que le gustaba mi bañador de muchos colores, me preguntó que si era del pueblo y cuando le dije que seguramente más que él, pues yo había nacido en mi casa en la calle Nueva y que él para nacer se habría tenido que ir a Cáceres. Se quedó cavilando sin entender lo que le decía. Le expliqué que entonces nacíamos todos en el pueblo, pero que ahora, por el bien de la madre y del niño es mucho mejor nacer en un hospital. Y que el hecho de nacer en Cáceres no le hacia ser menos monroyego, que era una broma que le estaba gastando, cosa que pareció comprender enseguida.

Por cierto, en Cáceres hemos descubierto un establecimiento para quitarse el sombrero, La Tapería. Nos llevó mi primo Vidal. Lo regentan  los hermanos argentinos Javier y Emi, y se nota que les gusta su oficio, hacen el trabajo gustoso, como diría Juan Ramón Jiménez, son vocacionales y eso se nota, transmiten su entusiasmo: Emi, por la cocina, y Javier, por los vinos. Javier está casado con Amaya que fue la culpable de que estos hermanos argentinos aterrizaran en Cáceres, da gusto el trato tan afable de los tres y el de  todos  los camareros.

Amaya está embarazada y tiene la sonrisa a flor de piel. Sal tu que vas cargada. Le dije en la puerta de entrada al local. Si sólo llevo un platino, me soltó con una sonrisa de oreja a oreja que invitaba a entrar sin ningún recelo.

La relación calidad precio es inmejorable, probamos entre otros exquisitos platos la parte del cerdo ibérico denominada  ‘lagarto’, que es muy jugosa y suave,  mejor aún que la presa, el secreto o la pluma. Una exquisita ensalada de canónigos con ventresca y tomate rallado y una tarta obsequio de la casa, con una textura y sabor a prueba de golosos recalcitrantes.

Javier nos recomendó dos vinos extremeños realmente excelentes el Nadir, muy goloso y afrutado, que tiene un premio nacional como el mejor vino de menos de seis meses de crianza en roble, y un Gran Buche de viñas viejas realmente excelso; es de la zona del Raposo, donde hay un balneario que tiene una bonita leyenda, como la de casi todos los balnearios.

La verdad es que ha sido un fin de semana muy agradable, hemos disfrutado. En Monroy tomando el viernes el aperitivo en el Casino en compañía de buenos amigos como Emilio, Juanvi, José Ignacio y su mujer. Y en Cáceres paseando por Cánovas, sentado en sus terrazas, y degustando exquisitos platos en La Tapería, con la inmejorable compañía de Vidal  y Maria.

Y un detalle que, aunque parezca insignificante para mí tiene mucha importancia, casi siempre se critica  a los funcionarios su falta de celo y dedicación en el trabajo, pues bien este no es el caso de Juan Diego, funcionario del Ayuntamiento de Monroy, que cuando se le escucha dar los pregones desde los altavoces situados en el Reloj del Ayuntamiento, uno se siente transportado hacia otros tiempos, cuando escuchaba en las esquinas la turuta que hacían sonar  los antiguos alguaciles Eloy y  José.

Y digo que no es el caso de Juan Diego, porque él, ante un error mío en la entrega de un dato, tuvo a bien venir a buscarme a casa para que subsanase el error. No he hablado mucho con Juan Diego pero siempre me pareció un hombre afable y un buen profesional, detalles como estos, que parecen insignificantes, son los que nos hacen la vida más llevadera y creamos que no todo está perdido, que todavía queda gente, como el amigo Juan Diego.

viernes, 17 de junio de 2011

PRIMOROSA PRIMAVERA






Entre mis mejores recuerdos están sin dudas las mañanas de primavera, cuando de ‘motu proprio’ madrugaba, y emulando a Don Quijote me  disponía, montado en mi yegua blanca, a  conquistar la gloria del  mundo,  eso sí, con los pies bien puestos en el suelo del campo extremeño donde no sólo mis pulmones se ensanchaban con el aire tibio y perfumado de una primorosa primavera, todo mi ser sentía ensanchado, prolongado y elevado ante entorno tan privilegiado.

Fue sin duda una de las mejores  épocas  de mi vida, en todo el curso lo único que tenía que hacer era repasar el grupo de Ciencias que me había quedado de Reválida de Cuarto, que curiosamente era donde mejor nota media tenía. El  24 de junio de 1964 obtuve el título de Bachiller Elemental.

El fútbol ocupaba prácticamente todas las horas de mi ocio, jugábamos al fútbol antes y después de comer, antes y después de merendar y hasta antes y después de cenar. Hubo un momento, después de un glorioso día que paré todo lo que llegaba a mi portería, que llegué a creerme que valía para portero. Me sentí muy halagado cuando el mejor jugador del pueblo, Antonio Plaza,  me dijo que estaba parando muy bien.

Yo era del Real Madrid y esta es la primera alineación que recuerdo de memoria:

Vicente, Marquitos, Santamaría, Pachín, Vidal, Zárraga, Canario, Del Sol, D’Stefano, Puskas y Gento.

Un día llegué a casa diciendo que Vicente se había  roto un brazo, me estaba refiriendo al portero del Madrid, pero mi madre se creyó que me refería a mi hermano Vicente y se puso muy nerviosa, yo creo que en mi fuero interno jugaba a provocar el  malentendido. 

Mi hermano Vicente no se había roto un brazo, pero yo si que le rompí un diente a mi hermana Paqui. Estaba bebiendo algo de la nevera, llegó mi hermana y me quitó la botella para beber ella. Enfadado por habérmela quitado, cuando ella estaba bebiendo a morro, le di un golpe al culo de la botella y le rompí el diente por la mitad.

Eran los primeros tiempos de Carrusel en Radio Madrid, con Vicente Marco y Juan de Toro cuando este repetía cada dos por tres el famoso eslogan:  Anís de la Asturiana su presencia siempre agrada.

Cuando hice mi primera quiniela, entonces era de dos columnas, no había múltiples y había que echarla antes del jueves. Recuerdo  a Juan de Toro dando la quiniela y yo comprobando el resultado de la primera columna y esperando que diese el resultado para la segunda. ¡Pensaba que había que acertar dos quinielas una para cada columna ¡Anda que si no era fácil acertar una como para acertar dos!

Uno ha estado ligado a la Cadena SER desde los tiempos en que mi hermana Puri sintonizaba Radio Sevilla  para escuchar que el hijo del ganadero  no quería ser matador, que una pena que, además, era mora nublaba la razón, que la zarzamora lloraba y lloraba por los rincones, que las mozas que se  apoyaban en el quicio de la mancebía, se enamoraban de los que tenían  los ojos muy verdes y con brillo de faca, que según José Luis y su guitarra, Mariquita era bonita, graciosa y chiquita, que alguien se daba la media vuelta y se iba con el sol cuando moría la tarde.

Ojos verdes es una de mis canciones favoritas, sobre todo desde que me enteré que se la cantaban las mocitas del pueblo al guapo mozo que era mi padre. Dicen, que me parezco mucho a él, aunque ya quisiera uno tener los ojos tan  verdes como mi padre, los míos, según mi mujer, son verdes ‘amarronaos’.

La Cadena Ser de Pepe Iglesias ‘El Zorro’: Yo soy el zorro zorrito para mayores y pequeñitos, yo soy el zorro señores de mil amores voy a cantar.

La cadena Ser de Matilde, Perico y Periquín, el abuelo Porretas, del teatro radiado por su gran cuadro de actores: Pedro Pablo Ayuso,  Matilde Conesa, Matilde Vilariño, Juana Ginzo.

La cadena Ser de Ustedes son formidables, con un  histriónico Alberto Oliveras y su sinfonía del Nuevo Mundo.
 
La Cadena SER donde Kiko va participar en el Carrusel la temporada próxima,  mi hijo Javier me había anticipado la noticia. Uno va a sentirse más  a gusto, todavía, escuchando Carrusel sabiendo que hay gente amiga en sus ondas y con un gran sentido del humor. Y aunque Kiko es Atlético no se le nota, pues es muy ecuánime en todos sus juicios.

Aquellas madrugadas de primavera donde uno soñaba con su futuro y quería ser delineante, mi madre pagó  un curso por correspondencia con CCC para delineante proyectista, uno enseguida se dio cuenta que no iba muy bien encaminado, pues  había que ser muy cuidadoso para dibujar, cosa que no iba con mi natural carácter, sobre todo en aquellos tiempos de la tinta china, el curso nunca lo terminé

Contestaba a los anuncios de los periódicos haciéndome pasar, claro está, por mayor de edad, recuerdo que en uno que pedían representante de persianas, puse que mi profesión era linotipista. ¿Qué pintaba un linotipista vendiendo persianas?

Uno no sabía que esta iba a ser su última primavera en su pueblo, pero fue tan intensa que ha quedado grabada de forma indeleble, el tiempo transcurrido no ha podido borrar los recuerdos, al contrario cada día que pasa son mejor valorados y es que no todos han tenido la suerte de tener sensaciones como estas:

En las madrugadas del mes de abril
sentir, palpar el rocío de la mañana
a lomos de una yegua torda o alazana
al trote o al galope, de frente o de perfil

miércoles, 8 de junio de 2011

EL ANGEL DEL CALZADO

La pasada semana cuando mi mujer se dirigía a llevar a reparar sus zapatos a la pequeña tienda del paseo Imperial, casi equina a Pirámides, vio que estaba echado el cierre y que había un papel de tamaño de un folio anunciando algo, pero como tenía prisa no llegó a cruzar la calle y no pudo leer lo que ponía.

Como sabe que suelo pasar en mis paseos diarios cerca de la tienda me pidió que lo leyese, y esto fue lo que ponía:

CERRADO POR

DEFUNCIÓN.

Uno albergaba la esperanza, a pesar de que sabía que Ángel estaba bastante enfermo, que la defunción no tenía por qué ser la de Ángel Sánchez, podía ser la de algún familiar.

Al volver a casa me encontré con mis amigos Javier Recas y su mujer Auri, y les comenté lo que ponía el anuncio, me confirmaron que el que había muerto era Ángel.

Llevamos viviendo casi veinte años en la calle Toledo, cuando vinimos a vivir y vimos la tiendecita con su rótulo EL Angel del Calzado, nos resultaba un poco retórico y ampuloso este nombre.

Luego pudimos comprobar que Ángel haciendo honor a su nombre, era verdaderamente y con mayúsculas un ÁNGEL DEL CALZADO.

Cuando le llevabas los zapatos te decía indefectiblemente: Mañana por la tarde puedes pasar a recogerlos. Cualquier reparación, por complicada que pareciese, estaba para el día siguiente y lo que es mejor, los zapatos quedaban perfectamente reparados y limpios y a unos precios verderamente económicos.

Ángel era del Atlético de Madrid y como sabía que mi hijo Javier escribía sobre el Atlético me decía: Dile a tu hijo que les dé caña a estos dirigentes a ver si se van de una vez por todas y el club pase a ser de los socios-abonados.

Descansa en paz amigo Ángel Sánchez, amable, cumplidor y profesional como la copa de un pino, un verdadero espíritu puro con cuerpo, un gran ser humano.


P. D.

Por mi hermana me entero que también ha muerto en Monroy, Fermina.

Fermina estuvo ayudando a mi madre en las tareas de la casa algunos años.

Recuerdo cuando estaba impaciente por la llegada del que entonces era su novio, creo que estaba haciendo la mili. Yo le gasté la broma de que no había llegado ninguno con cara de novio cuando me preguntó por él, previamente ella me había pedido que fuese a ver si llegaba en el coche de linea. Al ver la cara de desilusión que puso no pude por menos que decirle que no sé si su novio había llegado, pero que si habia venido uno que vivía en la calle Santos y que le llamaban Serena.

Fermina siempre estaba sonriente y de buen humor, era tambien una persona necesaria, de esas que te hacen la vida más agradable cuando estás a su lado. Descanse en paz. Desde aquí quiero enviar mi más sentido pésame a su marido Serena y a su hijos.

martes, 7 de junio de 2011

LOS RECUERDOS SUELEN CONTARNOS MENTIRAS



Siempre que me preguntan por qué llevo pajarita suelo contestar lo mismo: La llevo porque desde que vi a Gregori Peck en ese entrañable personaje de Atticus Finch en Matar un Ruiseñor, asocié que llevar pajarita no sólo era una cuestión de estética, sino también de ética.

Carlos Boyero el pasado día 6 de abril en un artículo en El País a propósito de Gary Cooper, (lo hacía extensivo también al personaje de Atticus), decía que este actor representaba sus personajes con tal naturalidad que veía en ellos representado virtudes tales como la nobleza y la determinación, la ética y la estética, la credibilidad y la humanidad.

No suelo ver mucho la televisión y menos grabar programas, no poseo el mando en casa y por ende no posee uno el mando de la tele, pero hace poco, al ver anunciada la película de Matar un Ruiseñor, una de mis favoritas, la grabé. Pues bien, resulta que Gregori Peck en ningún momento de la película llevó puesto una pajarita. Sí que la ha llevado en otras, pero en esta llevaba corbata.

Y con permiso de mi admirado Andrés Trapiello, al que no le gustan nada las pajaritas, no sólo ponérselas él, sino que se la pongan los demás. Tampoco le gustan que se diga corcel o alazán, para nombrar al caballo y a mí sin embargo me encantan estas dos palabras, de hecho están en alguna de mis poesías.

Me encantan esas dos palabras referidas al caballo para mí el más bello animal junto con el toro y me gusta llevar pajarita en las grandes ocasiones, aparte de que la pajarita aporta distinción, no sé si buena o mala, pero si que te distingues al ser el único que suele llevarla, aunque muchas veces renuncio a llevarla, por eso precisamente, por ser el único, me gusta embaucar a alguien para que se la ponga conmigo, por ejemplo a mi primo Vidal, así me siento más a gusto.

También es una cuestión práctica, la pajarita vale menos que una corbata y además no me las mancho tan fácilmente como me mancho las corbatas, aunque parezca difícil mancharse una pajarita soy capaz de hacerlo, que se le va a hace, uno es de natural descuidado.

El pasado día 27 de abril salí a celebrar el día del libro, llevaba en mente como libro a comprar, por encima de todos, Apenas Sensitivo de Andrés Trapiello, es el último publicado de su Salón de pasos perdidos, hace el número diecisiete, me quedan por leer cuatro que están agotados, aunque uno espera que los reediten como han hecho este año con el primero de ellos El Gato encerrado.

Cuando iba por la calle Bailen vi a Sergio Barriocanal dispuesto a cruzar hacia el otro lado de la calle, a su lado estaba Antonio Sanz, les saludé con un: ¡Hombre los desmarcados! Antonio y Sergio eran compañeros de mi hijo Javier en Marca y ninguno está ya en ese periódico, de ahí lo de desmarcados. Habían quedado con mi hijo en el Bernabeu para ver el partido de ida de la Champions, me preguntaron que si no iba a ir a estadio les dije  lo que suelo decir es estas ocasiones que prefería verlo en casa pues se sufre menos.

Entré en la Casa del libro de Gran Vía y allí no tenían Apenas sensitivo, se les había terminado, bajé a la planta sótano donde me indicaron que estaba otro que tenía anotado, Una mosca en la sopa de Charles Simic, por supuesto también de memorias y que luego no compré.

Estando en esta planta llegó una chica preguntando a un vendedor, también joven, por el libro Mala gente que camina, el chico dijo al mismo tiempo que la chica, en nombre del autor y yo también pensé en ese mismo momento en Bejamín Prado. El joven vendedor le indicó que de estar estaría en la planta de más arriba y le preguntó a otro joven vendedor que estaba a su lado si había leído Mala gente que camina, y sin esperar la respuesta del otro, se lo recomendó encarecidamente diciéndole que era una gran novela.

Salí de la Casa del libro de la Gran Vía sin comprar ningún libro, pensaba entrar en la librería de El Corte Inglés de Sol, pero me disuadió de entrar una gran cola, formada en su gran mayoría por señoras mayores, que esperaban la firma de Mariló Montero y un chico joven al que no conocía, estaban en la calle, al lado de la puerta de entrada a la librería por la Calle Preciados, firmando ejemplares de un libro de cocina.

Entonces pensé en la librería Méndez de la calle Mayor y allí me dirigí. En la puerta del teatro Arenal saludé a mi consuegra Carmina y a su hermana que esperaban para entrar en el teatro.

En la librería Méndez estaba firmando ejemplares de su libro Los enamoramientos Javier Marías, tenia también bastante cola, aunque no tanta, como la que tenía Mariló Montero.

Pregunté en la caja por el libro de Andrés Trapiello, Apenas sensitivo, el vendedor una vez comprobado que lo tenían me dijo pídeselo a Antonio. Éste estaba atendiendo a alguien que se presentó como empleada de la Editorial Alfaguara, esperé a que terminasen las presentaciones y le dije que el chico de la caja me había dicho que él me facilitaría el Apenas sensitivo, al principio puso pegas diciendo que no sabría si podría llegar a él entre tanta gente que estaba en la cola, pero enseguida vino con el ejemplar y lo mostraba ostensiblemente para que Javier Marías, que estaba enfrente lo viese. El tal Antonio no era otro que Méndez el dueño de la librería.

Cogí también un ejemplar de Los enamoramientos y cuando me disponía a pagar en caja, vi que al lado de Javier Marías, de pie, se encontraba Benjamín Prado. Al reconocerlo le dije que estaba leyendo su novela Operación Gladio, y que me estaba gustando mucho, la novela la compré la semana antes en el Aeropuerto de Barajas pues el libro Palabras a mano, de Ángel Gabilondo que llevaba de casa para leer durante el trayecto a Dublín me lo había dejado en el asiento trasero de mi coche en el que nos había llevado mi hijo Gonzalo.

Había estado en la conferencia que dio Benjamín en La Biblioteca Nacional, precisamente hablando de esta novela y de la satisfacción que sentía al haberla terminado y que hablaba de la matanza de Atocha, tema para mí muy sensible pues en el servicio militar coincidí con Javier Benavides Orgaz, uno de los abogados asesinados. Javier fue mi sustituto en las oficinas de la Dirección General de Mutilados cuando me licencié, e hicimos muy buenas migas en el periodo que estuvimos juntos.

También le hice saber los elogios que unos minutos antes había hecho de su novela Mala Gente que camina, el joven vendedor de La casa del Libro.

E intencionadamente le enseñé el libro de Trapiello y el de Marías, diciéndole: Sé que se llevan mal pero yo admiro a los dos y no me espero a que Javier me lo firme porque no llego a tiempo a ver el partido, a todo esto Javier Marías seguía firmando y no sé si se dio cuenta de lo que hablamos Benjamin y yo.

Benjamín dijo que se encontraba nervioso e impaciente debido al partido que iba a celebrarse entre el Barcelona y el Madrid, quedaba menos de una hora y por la gente que había en la cola no creo que Javier Marías llegara a tiempo a verlo empezar.

Le dije que había que hacer caso a lo que dice Sánchez Ferlosio sobre el futbol, que lo mejor para no sufrir es no tomar partido por ningún equipo, aunque en vez de decir Sánchez Ferlosio, debí decir Andrés Trapiello y me dijo si a Andrés no le gusta el fútbol, ni a Sánchez Ferlosio tampoco pensé yo, pero algo de razón tiene pues con el fútbol se sufre más que se disfruta, hasta el mismo Guardiola que ha ganado un montón de títulos se le nota que sufre más que disfruta.

Por cierto totalmente de acuerdo con el artículo de Javier Marías sobre Mouriño en EPS, un equipo como el Real Madrid no debe tener como entrenador a un mal educado, prepotente y que siempre echa las culpas a los demás.

No suelo leer novelas, en esto también pienso como Rafael Sánchez Ferlosio que después de escribir El Jarama una de las mejores novelas que uno haya leído, no volvió a escribir sobre este género. Ferlosio dice que le gustan las mentiras verdaderas, no sé si se refiere a que le gustan las mentiras que no pueden ser verdad o acaso se refiera a que las mentiras que le gustan son las que puedan ser verosímiles.

Aunque últimamente he leído varias novelas, además de la de Bejamín, he leido El Buque Fantasma de Trapiello y Los enamoramientos que acabo de terminarla. Me han gustado mucho las tres y por supuesto habrá que comprar Mala gente que camina.

Ahora disfrutar, lo que se dice disfrutar, como con Apenas sensitivo con ninguna novela.

Detrás de mi, en la cola para pagar en caja estaba un señor que me saludó, era Antonio Gil al que hace años le había alquilado una oficina en Ática, posteriomente se marchó a Valencia.

Quizás la causa de estos encuentros, en apenas dos horas en un Madrid tan grande, haya que agradecérselo al señor Cervantes y al señor Shekaspeare, que ejerciendo de santos laicos en el día de su onomástica facilitaron este serie de agradables casualidades.

Los recuerdos

Los recuerdos suelen
contarte mentiras.
Se amoldan al viento,
amañan la historia;
por aquí se encogen,
por allá se estiran,
se tiñen de gloria,
se bañan en lodo,
se endulzan, se amargan
a nuestro acomodo,
según nos convenga;
porque antes que nada
y a pesar de todo
hay que sobrevivir.

Recuerdos que volaron lejos
o que los armarios encierran;
cuando está por cambiar el tiempo,
como las heridas de guerra,
vuelven a dolernos de nuevo.

Los recuerdos tienen
un perfume frágil
que les acompaña
por toda la vida
y tatuado a fuego
llevan en la frente
un día cualquiera,
un nombre corriente
con el que caminan
con paso doliente,
arriba y abajo,
húmedas aceras
canturreando siempre
la misma canción.

Y por más que tiempos felices
saquen a pasear de la mano,
los recuerdos suelen ser tristes
hijos, como son, del pasado,
de aquello que fue y ya no existe.

Pero los recuerdos
desnudos de adornos,
limpios de nostalgias,
cuando solo queda
la memoria pura,
el olor sin rostro,
el color sin nombre,
sin encarnadura,
son el esqueleto
sobre el que construimos
todo lo que somos,
aquello que fuimos
y lo que quisimos
y no pudo ser.

Después, inflexible, el olvido
irá carcomiendo la historia;
y aquellos que nos han querido
restaurarán nuestra memoria
a su gusto y a su medida
con recuerdos
de sus vidas.